Archivos para enero, 2014

Todo tan níveo y yo

buscando la manera de apaciguar el dolor

en la encía,

de apaciguarme la perseverancia

o un amor ciego y alto como un

mástil que recubre

este ser que desperté

siendo por la duplicación constante

de células vivas que hay dentro de

su cuerpo nuestro cuerpo la vida:

la viña o vid fructífera

fructificando como un ente incólume

hasta mi perseverancia:

también esta mañana pienso

agacharme con mis guantes puestos,

y con la escoba puesta como un brazo

a recoger la basura

a los señores

por unos pocos dólares mensuales.

Anda mi encía

y duele y sin embargo

ya desperté a las cinco de la mañana

a prepararme

el café y el cigarro,

la molestia en los dedos de las manos;

el cuerpo sedentario y sin costumbre

que se parta

como una calabaza por el amor a todas

esas células que se triplican

vivas y constantes que hay dentro de

su cuerpo nuestro cuerpo la vida:

un cuerpo nuevo que se yergue sano,

llorón y sonriente

como un pacto de amor entre los tres.

Anuncios

                                         “Vete con tus lágrimas a tu soledad, hermano mío.

                                           Yo amo a quien quiere crear por encima de sí mismo

                                            y por ello perece. –“

 

                                                                                    Así habló Zaratustra

 

Tú no puedes amarme.

Escribo con los ojos nubalados sin miedo a repetirme;

después de todo

en tanto repetirme zigzaguean mis miedos

y mis dudas, y mis constantes desprecios por todo cuanto soy capaz

de hacer. Entonces me reinvento. 

 

Carece de sentido. ¿No te jode? ¿Que no tenga

un objeto el ser humano? ¿Que esté aquí por

estar? ¿Y tú qué hiciste?

Brillaste. Soledad. Morir. Dejarnos solos.

Siempre nos dejan solos. Todos ustedes. Pues.

Ya no sabemos qué timbales hacer con nuestras dudas.

Porque no se despejan con tus libros. Tus libros solo trenzan

en mis ojos todo una red de nubes que no se van.

Porque tú me despiertas.

Ustedes, todos, sólo nos despiertan.

A otros ni les importa. Necios hijos

de puta. Lo único que hacen es

peinarse. Su arte es

antiestético. Y hablan tanta basura porque hablan de cosas que ellos

mismos no se creen.

De cosas que no sienten.

Que no viven. Ellos no sienten nada.

A ellos no les despiertas ni la red de nubes ni un cabrón bombillo

                        en el cerebro.

Tú no debes saber qué es un bombillo. (Ellos qué es un cerebro.)  

O sí. No sé. Es que a veces me ocupo tanto de mis propias cavernas,

de mis propios amores y desprecios que olvido hasta que

    debo despreciarte.

Porque tú nos lo exiges, hijoeputa.

Luego vienes y dices que me amas.

A mí.

Pero es tan falso. Mi rebaño me dice que es tan falso.

Nada menos que a mí. A mí que no padezco de espirales. O sí.

Sí que padezco. Pero no del silencio. No,

porque esa simpleza a que le temen (a la que tú algún día le temiste)

siempre es mi “pensamiento cardinal”. Mi libertad. Mi open.

Filosolfeo. Muerte. Determinadas muertes del azar. Entonces. 

Si hay alguien que me oprime desde niño es el señor Aislamiento.

El que me hace escucharte aunque dispares a la nada.

La nada también puede

que

sea

yo.

¿No te parece?…

 

Pero deambulo como de costumbre en mis ojos nubalados.

Ya sin premoniciones.

 

¿Si me masturbo?

¿O fumo?

¿Si no pienso?

Si ya no pienso debo ser feliz.

Pero quiero crear. Quieres amarme. Aunque el rebaño diga que no

es cierto. Que son meros autismos de nosotros. Como una

    ofensa. Pobres. No comprenden.

Nuestros autismos son precisamente nuestros más poderosos armamentos

contra un rebaño de justos

que braman por un autista para venerar.

Porque de eso se nutren.

Y de odio. Y de comprarlo todo con dinero.

Y no lloran. Ni sienten. Ni sonríen.

Obedecen. Carecen de sentido.

 

 Y mis constantes desprecios por todo cuanto soy capaz

de hacer hacen que me reinvente. Que escriba con los ojos nubalados.

(Aún tengo los ojos nubalados). Nunca temor de tanto repetirme.

Quiero. Yo quiero. Tú amas al que quiere.

Y luego, muy despacio, te nos alejas fiel de tu caverna, dejándonos el límite

preciso, el espacio para ser…  

 

Luego no haremos nada.

Jamás haremos nada conveniente sino lo que tú hiciste.

Brillar. Temer. Morir. Dejarnos solos.

Dejarnos solos a nosotros mismos.

Y todas esas dudas que arrastramos las arrastrarán luego nuestros hijos.

Los hijos de sus hijos. El futuro.

Las cosas simples nunca se comprenden, solo se santifican.

Como se santifica lo complejo, lo sobrehumano que se nos muestra

lumbre aunque sólo sea cenizas.

 

Porque lo codicioso es inherente, como todas las ruedas giran

sobre sí mismas hasta que avanzan o hasta que se parten.

O hasta que el hombre creador del vicio

y de todo lo complejo que no entiende

se arrodille por fin ante la inercia de su dios.

 

Sencillamente un hombre. Un hombre como tú, como nosotros, que piensa para el pueblo, pa la radio. Un hombre que se atreve, y nada más.

I

Eduardo Santiesteban: defensor de las culturas alternativas

Aquellas cosas que yo defiendo, tienen que ver con la historia social, con la historia cultural, con la historia política, de las clases trabajadoras cubanas, fundamentalmente de  los sectores más oprimidos, de la población afrodescendiente, con las expresiones contemporáneas, y todo eso.

Ahí entra: la rumba, que sigue siendo una música urbana y alternativa; es una tradición, pero no es…meramente tradicional como algunos la quieren cerrar; sigue siendo, insisto, urbana y alternativa…

Está el hip hop, está el reggae; esta última una expresión que suele ser desplazada cuando se piensa en Cuba en la música popular caribeña, y se piensa como algo ajeno a la Isla, sin embargo el reggae está presente en Cuba desde la década del 70, cuidado por cultores propiamente cubanos.

Al hip hop, algunos han querido ponerle antecedentes cubanos, y no es así. Hay precedentes, pero no antecedentes, en el sentido directo, que pudieran haber influido en el nacimiento del hip hop; pero sí, como se sabe, la presencia de los DJ jamaicanos en Nueva York, robando corriente del tendido público para montar su soundsystem, y con sus recitados encima de box, o encima de canciones reggae propiamente… Eso sí puede haber influido, y hay mucha gente que lo ha apuntado.

Esa presencia caribeña allí, que estaba también de otra manera, no solamente con los jamaicanos y trinitarios y barbadenses, sino también con los mal-llamados latinos; o sea, los boricuas, colombianos, dominicanos, quién sabe si hasta cubanos estuvieron allí en aquel momento en el que el hip hop comenzaba a formarse en Nueva York, en el Bronx, en Harlem… en esos ambientes que siempre se piensan como solo de población afroestadounidense, pero que también son afrocaribeños, y caribeños en general.

De manera que el hip hop no puede ser visto en Cuba como algo ajeno. Puede que en Francia, y ni siquiera en Francia; puede que en Inglaterra, y ni siquiera en Inglaterra, pueda verse de momento como algo exótico, que viene de algún lugar, como esos tantos géneros, los llamados “géneros sin patria”: músicas que se han ido expandiendo por el mundo, y que pueden ser asimilados con mayor autenticidad cultural o no, o solo como una música de moda, como una música exótica, para ofrecer un producto comercial diferente.

En nuestro caso, no es así. El hip hop nos pertenece, como nos pertenece el jazz, como nos pertenece la bomba, como nos pertenece el reggae, como nos pertenece el calipso.

O sea, siempre me gusta insistir, y defender, que debemos mirar hacia una identidad grancaribeña: todas las islas del Caribe, toda la franja de tierra firme que se asoma al Caribe; pero sigue hacia arriba: todo lo que es llamado Centroamérica, hasta La Florida, con alcances a estos ambientes de Nueva York de los que hablaba antes.

Solo los pensamientos de una derecha cultural, de una derecha social, política, que nos fragmenta; solo desde esos presupuestos podemos seguir viendo las músicas como pertenecientes a un espacio geográfico, y no al gran espacio geocultural, geosocial, que es el Gran Caribe.

Entonces nos pertenece el hip hop. De ahí que no tardó mucho en que, de las primeras audiciones de hip hop en Cuba, de las fuentes que vinieran: traído directamente de Estados Unidos,en discos o en casetes, en aquella época; o escuchado por la Base Naval de Guantánamo, escuchado de nosédónde; por la vía que fuera, no tardó en que eso se convirtiera en una producción cubana; y no solo por el hecho de que se hiciera en Cuba, eso sería verdad de Perogrullo, sino porque comienza a contextualizarse en Cuba.

Los muchachos y muchachas que comienzan a hacer el hip hop en Cuba comienzan a hablar de realidades concretas; no de realidades sociales en abstracto, con un sentido general, que puedan estar más o menos presentes en todas las sociedades del Gran Caribe, de América, del Mundo; sino en concreto: comienzan a nombrar con sus propios nombres las realidades cubanas, las dinámicas sociales, dinámicas políticas, dinámicas culturales especialmente urbanas, que tenían que ver de manera fundamental con la población negra joven, aunque por extensión, toda la población afrodescendiente cubana.

Y comienzan también a asimilar sonoridades afrocubanas, afrobrasileras, y de otros orígenes, en un discurso musical que seguía, como debe ser, apoyando a un discurso verbal ya verdaderamente cubano.

A estas alturas yo no comprendo, no puedo entender, que todavía hay personas que siguen viendo el hip hop como algo exótico, como algo extranjero; que sigan viendo el rock, o que sigan viendo el reggae, o que sigan viendo no sé qué cosa como cosas ajenas. Bueno, es que el jazz todavía, con toda la historia cubana en el jazz, hay personas que lo ven como algo exótico, algo ajeno a nuestra identidad. Eso son la gente que tiene la cajita del pensamiento cuadrada y de aluminio. Eso son la gente que se adhiere a un pensamiento de derecha, que siempre lo que busca es, como todos los grupos de poder en el mundo, fragmentar a la población: evaporar todo elemento que pueda servir como gluten, que pueda unir personas en cualquier proyecto emancipador.

II

Eduardo Santiesteban: el radialista

Yo hago radio desde el año 1989; labor que comienzo a alternar con lo que yo venía haciendo, yo era profesor de lengua inglesa en diferentes niveles de la enseñanza media: secundarias, preuniversitarios, tecnológicos, politécnicos, e incluso hasta en una escuelita de inglés para el turismo. En un momento además en que la aplanadora de los años 90 comenzaba a erosionarnos. Y en ese momento yo voy a trabajar al turismo, en esta escuela de turismo, donde llego a ser incluso hasta jefe de cátedra.

Para mí era muy molesto el ambiente que se respiraba allí. Para mí eran incluso, inmorales, las mínimas prebendas, pero prebendas al fin, sobre todo de manera comparativa, que yo podía recibir en ese momento respecto a mis compañeros y compañeras del Ministerio de Educación, quienes seguían siendo mis amigos, quienes seguían siendo el ambiente edulcorado, el ambiente estirado que había en aquel mundo docente de los hoteles, ese mundo turístico…

Y eso me sirvió… Todo sirve. Todo lo que uno vive lo vive para algo. Y esa fue una de las cosas que me permitió, por ese recurso matemático de “al absurdo”, tomar todavía más conciencia de la realidad cubana; que siempre la había tenido, pero los 90 fueron un crisol, los 90 fueron el cristal, la lente definitiva, para poder ver cosas que siempre estuvieron en la sociedad cubana, que solo se habían camuflajeado por políticas de bien público, por determinados alcances que es innegable que tuvo el proyecto social y político cubano.

Pero hubo un pensamientoaristocratizante, hubo un pensamiento de exclusión, un pensamiento que seguía adherido a aquella mentalidad colonialista de pensar a Cuba como nación blanca, y sin pueblo. Eso siempre estuvo en algún rincón, siempre estuvo expreso en alguna línea, siempre estuvo, en algún momento en el aire. Luego, durante toda la crisis cubana, como correlato de una crisis mundial, afloró, y sirvió como un caldo de cultivo, como un hotel cinco estrellas, para todas estas tendencias, que, desde el punto de vista de la emancipación, desde el punto de vista del reconocimiento de las diversidades, desde el punto de vista de la solidaridad humana, nos parecían, y nos siguen pareciendo, tendencias negativas en la sociedad cubana.

¿Cómo hacer radio con un compromiso con las mayorías populares? ¿Cómo hacer radio con un compromiso con el proletariado?: palabra que, ustedes seguramente, hace rato que no escuchan: esa palabra se perdió, quedó solamente en algunos manuales de la enseñanza, y aun así se le pasa por arribacomo a algo ingrato que se encuentra en el camino.

¿Cómo hacer radio con el compromiso con una identidad grancaribeña, que no tenga que ver con estampitas turísticas, que no tenga que ver con el Caribe de bongó, maraca y palmera en la playa? Sencillamente, acompañando todas las expresiones culturales que miraban hacia esa identidad grancaribeña; que resultan entonces, autoafirmaciones: resultan hechos de afirmación de una identidad, de un “aquí estamos, ¿y qué?; somos así, ¿y qué?” definitivamente.

Y, plantearse eso como radialista ha supuesto, a través de los años, retos, riesgos, peligros; porque a veces los directivos de las emisoras, no solamente no comparten ese tipo de criterio, sino que prohíben que alguien pueda pretender hacer radio con esos presupuestos culturales, con esos presupuestos sociales y políticos.

Desde no recuerdo cuándo, yo empiezo a poner jazz afrocubano, empiezo a poner hip hop, reggae, rumba, empiezo a poner músicas rituales afrocubanas; y empiezo a hablar de esas cosas: a hablar en mi propia voz, o escribiendo textos para que los digan las diferentes voces que han pasado por mi programa como conductores o conductoras, hasta el presente.

En concreto, el programa A Propósito, siempre lo he definido como un programa de izquierda, y eso hace temblar a muchas personas, y siempre le he preguntado a quienes tiemblan: “me parece sospechoso que ustedes tiemblen cuando yo digo que A Propósito es un programa de izquierda; en un país que todavía se dice socialista, en una radio que todavía se dice que es un órgano político-ideológico, y que responde a los presupuestos del Partido Socialista de Cuba, ¿por qué les sorprende entonces que venga un director de radio y diga que su programa es un programa de izquierda?”

¿Qué pasa? que no es una izquierda en abstracto, no es una izquierda para una discusión académica, no es una izquierda para una pose política oportunista; sino que es una izquierda como corresponde a una verdadera izquierda, no extrema, sino profunda: una izquierda profunda que vaya entonces a la defensa de una expresión de cultura popular amplia, diversa, con una riqueza estética infinita, con una mirada descentrada… o sea, dejar de pensar en la cultura sujeta, vinculada a determinados centros de producción y/o difusión de la cultura: los grandes teatros, las más prestigiosas instituciones culturales, las grandes galerías de arte, los institutos, las universidades…

Y descentrada también en el sentido ya de la urbania, del mapa, en nuestro caso habanero; o sea, dejar de pensar en una cultura generada o socializada en los espacios más cualificados en el sentido urbanístico, arquitectónico, cultural, social: o sea, espacios del Vedado, o espacios de Miramar y Playa, o parte de los espacios recuperados por Eusebio Leal en la Habana Vieja. No. Sino pensar en La Habana como la Habana profunda: la Habana de Atarés, de Los Sitios, de Carraguao, de Guanabacoa, de Regla, de Pogolotti: o sea, no en La Habana azul; no en la Habana de Kholy, del reparto Flores, y de otras zonas en otros lugares que sueñan con ser como esos lugares, como por ejemplo Fontanar, Casino Deportivo, etcétera…

Entonces sientes que lo que tú estás haciendo es… una ocupación proletaria. Te sientes mano a mano con el obrero, con la obrera… Te sientes mano a mano con la gente que te lleva en el P para acá y para allá, en mi caso la 195… O sea, no te sientes en la posición, y por tanto no te caben, las poses habituales de la gente que trabaja en los medios de difusión, que asumen un aire de clase media hacia arriba, aunque pueda ese no ser su origen socioclasista familiar; pero a la hora de tener ese empleo allí, y tener un grado de desarrollo, alcanzan un cierto estatus económico, algunos de ellos, otros no, un cierto estatus social… Entonces no te importa la pose de artista. No te disfrazas de artista, no te disfrazas de intelectual, no te disfrazas de gente de la comunicación, porque te sientes igual.

Yo rechazo esa tendencia última que está no solamente en el marketing de muchos productos mercantiles, sino hasta en la comunicación cubana: hay grupos creativos, hay programas de radio, programas de televisión, que insisten en el concepto de “marcar la diferencia”: A Propósito suele decir al aire: “nosotros no queremos marcar ninguna diferencia, queremos ser, en lo posible, igual a usted que nos está escuchando”. Y no es una estrategia de comunicación: es, sencillamente, un acto de solidaridad, y es un acto de identidad asumida hasta las últimas consecuencias; como dice la gente de mi barrio: “¡hasta afuera: hombre, hermano y amigo, hasta el fin!”