Nuevo Documento de Microsoft Word (Cosas de las que nacen sin pensar…)

Publicado: febrero 20, 2014 en Uncategorized

1

Llevaba par de horas con el cuento de escribir la novela. Abrí dos veces la carpeta aquella de los cruentos de Beckett y me di cuenta de que no son tan buenos. Que solo son geniales, y que yo… yo tengo a estas alturas todavía una novela en cientoytantas páginas sin editar, un poco, más o menos, organizadas mal casi sin diálogos, y una voluntad férrea de acabarla.

Mejor que la termines, me dije, y me lo dije durante noches largas y mañanas, y mediodías enteros fumando que te fumando sin poner una letra coherente, sin tirar ni el más ínfimo cachimbacito e mierda que me diga “anda chamaco, avanzas.”

Lo que pasa es que voy pa 23. Y pasa que mi madre me mantiene. Y tengo un chama ahí, pasteurizándose dentro de la barriga de mi novia. Doscientos dólares dentro de un bolso de los que ya se fueron casi quince. Y una casita aquí a medio pintar.

Lo que pasa es que ya he subido y bajado las mismas escaleras varios millones de veces para buscar cigarros, y no me ha dado nunca por escribir un cuento acerca de cómo coño la esquizofrenia esta que despunta me ha puesto el cerebelo a contar los escalones, porque desde el concurso aquel funesto de cálculo en primaria, dejé de calcularlo todo, toda la mierda esta que se mueve y que antes me daba por saberlas todas, como aquellos muñequitos rusos de plastilina, los que también quieren saberlo todo… Divago. ¿Ves? Divago.

El punto es que esta noche todavía no he puesto a calentar la cafetera, estoy botando triángulos por el cerebro al rostro. Vertiendo aristas de cosas que ansío desde la mano hasta un papel que está aquí enfrente, pero que sin embargo no existe. No es real. Y todo gracias a la magia de la tecnología… Acabo de escribir algo con flow. Pienso métrico. Músico. Pienso en segundas voces y en los coros, y en los corros de burros rebuznando esta letra cuando algún día si algún día es bueno, sea un buen escritor.

2

Esa última línea tuve miedo de ponerla. Sabía que iba a ser un final bueno, como que si ahora mismo en lugar de final bueno, hubiera deslucido las palabras, las mismas dos palabras invertidas, hubiera sido otro final magnifico, de estrellas, de solemne.

Una canción se me ocurre, y no es tampoco una buena canción. Es simplemente una canción mediocre acerca de un tipejo tristón y melancólico, angustiado porque ya hace dos noches que no duerme su esposa, porque hoy ha caminado 100 kilómetros, y con ello bajado cinco libras de las libras del niño que no es realmente un niño, que es un árbol, un arcoíris ahí, ramificándose, soltando colorines hacia todos los puntos grisoláceos de esta felicidad.

El problema es que un día, probablemente en unos cinco, quizá unos tres minutos, la canción se termina mientras dice que es duro terminarla, como todo, todo menos el cuentecillo este que debió terminar hace dos párrafos, dos párrafos y medio, pero que estiro y estiro y estiro mientras cuelgo la vida del clavo en la pared que estaba puesto para guindar los ojos de un negro que se ha pasado el año entero mirando cómo singo con mi mujer, cómo la pongo en cuatro, en cinco, en ocho piernas. Es mi mujer araña. Y es mi niño. Mi niño entonces quizás sea un pulpo; pero creo que alguien debió haber tenido antes los cojones de decirle a los Beatles que son unos pedantes. Que la mitad de todas sus canciones son mierda inglesa en cajitas rosadas con lazos y gangarrias. Que hay un momento, un instante bendito, en que todos los submarinos, tal como todos los tarecos humanos, se hunden pal carajo, se divierten, se les van a bolina los tornillos y piensan de momento que han dejado de pensar a manera de novelista, o de cuentista, o algo, y han hecho un texto añil.

3

Alzo la mano a medias. Vamos, que alzo la mano con el codo doblado y meneo la pancita. Ibbaé bombochecua. Andaribele incierto y aguardiente. Un tabaco en un vaso que le puse a esta sombra que me tiene, a este muerto limpio que anda de aquí pa allá su recorrido nocturno, que ya le toca cuidarnos la puerta porque tiene un complejo del carajo de CVP y que yo me creo que existe. Me pica el cuerpo. Por toda la espalda. Sudo escuchando una canción contenta. La frente. La garganta. Me están sudando todos estos nervios de una manera rial.

Bailo y me tranquilizo. Brinco y meneo, mano en la cintura, la lengua afuera y botando lo malo con la mano que tengo a medio alzar. Ibbaé carpintero, que estoy solo. Ibbaé CVP mientras me insomnio. Puedes irte a dormir tranquilamente mientras controlo el impulsito este de coger tu tabaco y encenderlo. Porque a esta hora no venden cigarros. Y me están dando ganas de fumar.

4

Bosque noruego es una buena pincha. Repienso lo que dije hace un momento mientras escucho algo que ni entiendo, que ni supiera de qué diablos habla sino tuviera el titulo copiado en la parte inteligente del reproductor de Windows. Pero que suena hermoso. Y que lo hermoso, merece trascender.

Además, hay algo misterioso en la manera en la que ella mueve el culo. Un algo melancólico y basal. Algo que hace que gire la cabeza como gira un molino, como si el movimiento misterioso de su culo fuera el viento o el agua recorriendo las aspas de este cuerpo gordachón de una punta a la otra. Yo no sé. Yo no sé.

Cierra los ojos, que has visto una cara y no quieres olvidarla. Cierra los ojos, y haz que funcionen como el chirimbolo refractor del lente de una cámara que captura las luces, y las sombras. Aunque es difícil que captures sombras. Porque según me han dicho, hay una raza de ángeles de tierra materialmente compuestos de una sustancia amarillenta, suave, que únicamente, intransgrediblemente, permiten a la doña luz pasar.

Y déjame tomarte desde abajo. Alzarte por los aires y llevarte a recorrer los campos de lechuga con los ojos cerrados. Con los ojos cerrados, porque dicen, que de esa forma es más fácil vivir.

5

¡Pum! Wuuuoonnn… ¡Pum! Wuuuoonnn… ¡Pum! Wuuuoonnn…

Hay otra vez algo mal con el mundo. No debe ser normal el agua hirviendo, un impulso ecuestre como el que ahora de pronto me ha secuestrado las manos alzadas y las ha puesto a caminar descalzas encima del teclado, sin dedal, sin aguja, sin los nervios.

Todavía me pica todo el cuerpo. La espalda, la verija, los cojones. Me pica el suelo, sudo, lluevo goticas acidas de los poros del cuerpo que corretean fieras hasta la mesa, y de la tabla al cielo, y del cielo a los versos prosaicos míos estos (¿hay otro modo de hablar de estas prosas?). Todo esto está perdiendo ya sentido. Y hay como un magnetismo que me hala, me tira contra la herrumbre de la sillita en la que planto el culo, y me encola los dedos al papel.

¡Pum! Wuuuoonnn… ¡Pum! Wuuuoonnn… ¡Pum! Wuuuoonnn…

Suena la madrugada. Una guitarra. Quiero tomarte fuerte de las manos y sentarte en mis piernas, y mis piernas, sentarlas sobre las rocas del Morro, sobre una balsa de goma de carro zarpando desde el Morro, con los ojos clavados en el mar.

Una ballena gime en mis oídos. Es un efecto de guitarra, creo. Pero una mujer canta y me provoca una serie de paz, como una euforia que hace que me rompa de manera que nunca pueda armarme, y que recuerde a un tiempo lo fuerte que puedo llegar a ser si me propongo algo como terminar una novela. Si me propongo algo como que cese la comezón de mi espalda, y este calambre ahora como las manos de un muerto que fuma recorriendo mis hombros mientras sudo, me pongo inconcebiblemente rojo, y ceso de escribir.

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comentarios
  1. Tu lenguaje tiene fuerza, casi violencia, agilidad y desenvoltura, y, una riqueza expresiva y de léxico, que a mi, desde el otro lado, en parte se me escapa.
    ¡Enhorabuena!

  2. Me gusta tu fuerza al escribir. También quería darte las gracias por entrar en el blog y seguirlo. Eres bienvenido, me gusta tu isla que he visitado en varias ocasiones, pero sobre todo, me gusta su gente. Bienvenido.

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