Archivos para marzo, 2014

NBA is No Babies Around

Publicado: marzo 26, 2014 en Uncategorized

Sin título– Aguántame al niño en lo que termino la comida, papá.

– Ah, ta bien.

Dicho y hecho.

Lo próximo que veo es el mando de la tele acurrucado en mi regazo. Y un bebé hermoso con cara de sueño y unas ganas notables de saber qué diablos viene siendo al fin el mundo. Acostumbrándose a una casa nueva. La quinta vez que se muda en un mes: de la panza al cunero, del cunero a la casa de la abuela, de casa de la abuela al reingreso, del reingreso a la casa de la abuela y de casa de la abuela a Centro Habana.

En fin, al fin, Zanja y Belascoaín.

Cosa que enciendo el tele y está el básquet. Y tengo encima a Ignacito intranquilo de aburrimiento o de algo que no es hambre, teoría que sustento tomando en cuenta que chupa más onzas de las que luego puede sostener.

Y este juego no es un juego cualquiera. Miami Heats contra los Denver Nuggets. Y quiero echarme el play.

Así que cojo al niño, lo recuesto a mi panza de frente a la pantalla y le espeto con un aire especialista:

– Mira bebé, este negro gigantesco con pinta de ladrón de billeteras se llama Lebrón James. Ese, el de los tatuajes, el del seis en la espalda… Dicen que es el mejor jugador del mundo en activo. Lo mejor que dio el básquet después de Michael Jordan…

Y el niño con un interés tremendo:

– Ah…

– ¡Así que te gusta el básquet, cabronzuelo! Pa que tú veas, a mí también me gusta. Lo que pasa es que no lo sé jugar…

– Uh…

– No chico no te rías, que es en serio. Desde que tu padre entró en la secundaria, que se metió a rapero, ¡mira que lo han tratado de enseñar! Su mejor amigo en ese entonces, tu tío Arnau, el papá de Kevin, jugaba de película. ¡Era un fenómeno aquello! Y casi todas las tardes nos íbamos con un balón y un par de tenis viejos pa la cancha del Club de Fontanar…

– Ah… Ah… Ah…

– Fon- ta- nar… jajaja. Ahí fue donde se crió tu padre. Un pueblo de campo de lo más tranquilo… Entonces, tu tío Arnau trataba de enseñarme, a driblear, a hacer pases, a dar saltos, a entrar al aro de no sé qué forma… Pero tu padre siempre ha sido un gordito muy poco atlético… Lo más que ha logrado hacer por el deporte ha sido sentarse a mirar las Olimpiadas por televisión…

– Uh uh…

– No, yo espero que tú seas menos vago. Por lo menos tu tío Aynel dice que va a enseñarte a jugar pelota, y que te va a llevar a ver a los Industriales al Latino. Y tu tío Arnau yo espero que se encargue de tu educación basquetbolística… Ya que no pudo hacerlo con tu padre…

– Ah… Uh…

– Tu tío me decía: “tienes que aprender a jugar básquet, porque ese es el deporte oficial de los raperos. ¿Tú no has visto jugar a Los Aldeanos?” –en aquel tiempo decirnos a nosotros Los Aldeanos era como decir Fidel en Cuba en los años 60- Pero tu padre no. Nada de aquello. Lo más que hizo fue ir un par de veces a la Sala Ramón Fonst a ver jugar al team Capitalinos. Y acordarse de un tipo, otro negro gigantesco, al que solían llamar El Oso William…

– Aaah…

– Y pa que tú veas, tu padre hasta se consiguió un jugador preferido y todo,pa decir algo cuando los raperos discutieran de básquet. Un español llamado Pau Gasol. Y hasta aprendió que juega con los Lakers de Los Ángeles, que mide siete pies cero pulgadas, y que lleva el número 16…

– Uh… Ah…

– ¿Que por qué un español? Ahh, porque toda la gente que conozco, la gente con las que hablaba de básquet, tenía de favorito a Michael Jordan, a Magic Johnson, al Scottie Pippen. Ya tú sabes, los clásicos. Y yo, por ser la nota discordante…

Ahí empezó a llorar. No sé si lo venció el aburrimiento o si ya tenía hambre. O si va a ser un antideportivo digno hijo de la rata que se esconde cuando pasan los gatos con tal de no correr.

El caso es que no terminé de ver el juego. Lo que terminé viendo fue una buena perreta de dos horas con pases, saltos, y entradas al aro de no sé cuántas formas… De todos modos en el tercer cuarto Lebrón no había dado muestra alguna de Most Valuable Player. Y yo estaba perdiendo la paciencia. Y estaba perdiendo el Miami Heats.

 

My lil eskimo friend en fotos

Publicado: marzo 21, 2014 en Uncategorized

Aquí dejo fotos de mi pequeño Nachito.

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Porque esta pincha es la típica pincha que se hace con un tornillo en la nuca, con un desorden, un caos despierto, un encabronamiento melancólico al que no le ha dado por dejarme en paz.

Mi esposa está ingresada. Hace unos días, unos pocos días, que le dieron de alta del materno, y ahí está otra vez: la mismísima sala, el mismo sexto piso del súperhospital Gonzáles Coro, con una herida, un tajo de tres metros en carne, en sangre viva, desde la nalga hasta el hueco bendito por el que prorrumpió el pequeño Ignacio su salto hasta la vida. Y se me está quedando sin defensas. Y me la está comiendo la infección.

Y tengo un par de nombres poco menos triviales y culpables como un tal Doctor Puentes que de Doctor tiene solo el diploma; una doctora tal,Yosmira Brito, que se portó decentemente acorde a su condición de médico; y una enfermera tal que ni sé por qué recuerdo todo menos su nombre; y algunas otras,demasiadas caras.

Y tengo un par de nombres poco más problemáticos, de personas con cargos problemáticos que no vale la pena ni acordarse.

¿Tú sabe’ lo que pasa? Que tengo miedo hasta de ser injusto. Y que van a decirme que por lo menos la rebambaramba del nacimiento del niño me ha salido gratis, que el mal procedimiento en este caso es un problema meramente estadístico:una que sale mal de mil quinientas que salen, entran, salen, diariamente con partos de alto riesgo, o riesgo medio… o el precio enorme de la gratuidad.

En eso estamos claros. Empingueichon. Pero no justifica, por ejemplo, que usen una tijera que no corta para picarle a mi mujer el cuerpo. Y que por ende, en el medio del parto tenga la gente que salir corriendo a buscar otra tijera en mejores condiciones. Y que el salón de parto sea un agujero hediondo que filtra el frío parco de febrero, por donde pasa normalucael agua que cae del cielo atormentando las ventanas, y que además es toda el agua que entra, porque a la 1:32 a.m. no hay agua en los caños del hospital.

Ni justifica entonces, por ejemplo, que pongan a coser a una estudiantadueña deun número par de pezuñas en cada pata (un puerco, se me ocurre); una onda “no mi vida, así no es cómo se cose” –y zafa to esa mierda la doctora (o la enfermera, o la que sea que cosa) y le da un par de puntos a mi esposa pa que la otra retrasada aprenda, y lo vuelve a hacer mal porque figúrate, las pezuñas impiden el avance del hilo y de la aguja en la perilla de mi mujer como si mi mujer fuera un maniquí de feria, una mierda ahí que cogen de muestreo paenseñar a coser a una estudianta con pezuñas que te juro por el chama que si la cojo la despingo… a ella, a la doctora, a la enfermera, y no queda ni puerco, ni hijo de puerco, ni nieto de puerco en el hospital dichoso.

Ni justifica muchísimo menos que por culpa de esa gente mi esposa lleve días (nueve días) con un dolor tremendo, nauseabundo, que me la deja apenas respirar.

¿Y tú sabe’ qué pasa? Que lo de menos es que en el cuartico de ingreso postparto pongan por gusto los ventiladores, porque a los genios que los instalaron se les ocurrió hacerlo a doscientos metros del tomacorriente, y por demás, aunque estires el cable como si fuera un chicle, es imposible que logres conectarlo (Una estrategia para ahorrar corriente, quizás/ quizás/ quizás…).

Que incluso les perdono que a la reciénparidade la cama de al lado se la estuviera comiendo una sífilis que le ronca los timbales (Y que perdone eso puede tomarse como una concesión esplendorosa de parte mía hacia toda esa gente… gentualla…hijos de puerca…).

Pero no le perdono al tal Doctor Puentes del que hablaba ahorita que seis días después del alta médica, cuando llegue mi esposa a la consulta de urgencias con los coágulos de sangre rebasando los talones, diga que to’ está en talla, que esa herida pavorosa agitándose, agigantándose asquerosamente, es de lo más normal; que los puntos se zafan por cualquier bobería (TODOS LOS PUNTOS COÑO, NI UNO NI DOS NI TRES, SON COMO NUEVE), y que eso no es culpa de la estudianta, ni del invento ese de que to’ los hospitales cubanoides tengan que ser docentes, porque los partos pa que estén bien hechos, con silicona en vez de aguja e hilo, aire acondicionado, sala bonitapa recuperarse, etcétera y etcétera, cuestan un camión de dólares por la izquierda, en un país que se jacta de que el servicio de salud es gratuito (si no que le pregunten a la jevita de David Calzado) y que además está entre los punteros en cuánta lista redacta la ONU…

Ni les perdono ahora tantodesasosiego por las reacciones adversas que puede o no tener el Rocephin en la lactancia, el Rocephin y toas las demás mierdas que me le están poniendo intravenosa, porque al final el tal Puentes es un punto, y fue la tal Yosmira la que vino a notar un día más tarde, espéculo mediante, una ligera infección que ahora resulta que es tronco de infección en la vagina por una herida abierta que por demás, dicen lozanamente que no se va a cerrar…

Y les perdono muchísimo menos que si –ni que Dios quiera- algo llegara a ocurrirle a mi esposa no hay vía legal pa hacer una demanda (y si la hay que por favor, me alerten). Y que ahora mismo, entre otras varias cosas, puedo ver a mi hijo y a su madre solo una hora diaria, porque resulta que respetan tanto el derecho a la privacidad de las pacientes que los hombres pueden pasaral salón solo en horario de visita, de cinco a seis p.m., y que el resto del día les queda libre pa cagarse en sus madres, para rezar porque los antibióticos no causen daño alguno a la lactancia, o pa comprarle una caja de cigarros al cabrón del cuidapuertas…

¿Y sabes qué más pasa? Que al final ahora toca resignarse (y resingarse digo, por supuesto) porque ni yo ni Dios ni mi familia tenemos un centavo para pagarle a un médico que más o menos haga algo que sirva; y ver que el lado bueno del reingreso es que la mujer de la cama de al lado por lo menos no es una sifilítica, que en este cuarto el cable de los ventiladores alcanza al toma milagrosamente, y que la nueva suite, lujosa y límpida, tiene una majestuosa vista al mar…

Estricta y cabalmente vista al mar.

En fin, al mar.

My lil eskimo friend

Publicado: marzo 3, 2014 en Uncategorized

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Pequeña introducción para Casi Cayéndose

Así sentimos al pequeño Ignacio mamá y papá. Tal y como está escrito es tal y como primero nos obtuvo. Si pongo como 1 mis sentires es meramente cuestión de contrastes; cuestión de que algo tan tibio y sincero como lo que le ha escrito su mamita no caiga como una pesada ancla encima de algo tan que no me alcanza que le escribí a bebé.

Ya pensé incluso en ahorrarme mi parte, en dejar que hable sola mi esposita y quedar en mutis, para siempre en mutis. Pero si en un final subo ambas cartas será, sencillamente, porque al pequeño Ignacio también lo quiere mucho su papá.

1

No sé cómo empezar.

Esta vaguez que atisba contra mí se la ha pasado hablando incoherencias. Recordándome entre varias otras cosas que estuve nueve meses (estos últimos nueve) creyendo férreamente en que el mundo iba a ponerse de lo más lindo pa esperar mi chama. Que iba a ponerse sus mejores flores en la cabeza, un batilongo blanco, e iba a prestarme su mejor llovizna pa la ocasión. Y que luego mis ojos, agradecidos, lo iban a ver siempre como un mundo más limpio.

Pero no. Resulta que la lluvia trajo consigo a un niño que es mi niño, y que el mundo siquiera se presentó menos despolvorido, o menos nítido, ni le ha importado un pito colorito recibirlo en los huesos. Ni le importa.

Y que mis ojos no agradecen nada, sino que ven indecoroso todo, la yerba, el suelo, el frío, el CO2, basuras adyacentes que desde ya se han dado a jugar al entraysale con esa naricita mínima lastimada por los cascos de las patas de un médico, y un cuerpecito rosa de ocho libras y pico, la línea curva de to el horizonte en que habitará mi niño: el niñolín que vino con la lluvia para siempre a despejar la nube infecta aquella que no marchaba de encima de mí.

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2

Cuando comenzó la primera lluvia del 27 de febrero, yo también comencé a romper aguas, como dirían el siglo XIX. Estaba cumpliendo mi semana 38 con dos días. Y hasta ese momento estaba convencida de que tenía una vida adentro, aunque todavía no entendiera la complejidad de la misma.

Pocas horas después del siguiente día estaba oyendo el llanto de mi bebé. Cuando lo vi saliendo de mí, y vi que se lo estaban llevando, fue un choque. ¿Cómo salió eso de allá adentro? ¿Cómo puede ser algo que creé yo?… ¿Será que soy insensible como mamá? ¿Dónde estaba el amor?

Minutos más tarde, cuando estaba en mi regazo, no pude controlar las lágrimas: era una cosita tan pequeñita, tan frágil, y yo allí, con unas ganas de salir corriendo y sacarlo de aquel lugar tan espantoso.

Hoy mi única preocupación es que quiero recuperarme rápido y no tengo las fuerzas que quisiera para poder caminar y hacerle todo… Lo más gracioso es que no es mi pequeño yo, porque es igual a su papá… jajajajajja…

Ignacio, de seguro al leer estos escritos te vas por el de tu papi… pero quiero que lo sepas: desde que naciste hace unas horas, estoy muy orgullosa de ti.

Por siempre, tu mamita.

3:54 a.m.

Ya cumplo 23, y me preocupan cosas como que llevo un año con los mismos diez pelos guindando de la mandíbula.

Me tiré de la cama con esta idea covacha en la cabeza. Bastante buena estaba, o por lo menos le cogí cariño, o por lo menos me pareció ruin dejar al sueño desencajar en jirones de nada pura, limpia, una ideíta tal que vino a mí precisamente en un día como este. Un día especial más.

Mi esposa está despierta. Y pareciera que también mi chama se ha desvelado hoy, y me preocupa, y me preocupan cosas como que todavía hay media pared del cuarto sin pintar, medio sofá supuesto en el medio de la sala, y hay el cadáver de una cucaracha resting in peace en la meseta de la cocina. Se nos está cayendo el edificio. Se nos está cayendo el mundo entero y a mí me ha dado por dejar que caiga y sentarme en mi camita, con la tranquilidad en una mano, y ponerme a agujerearla tranquilamente con una picota, a espantarme con calma un disco viejo de Limp Bizkit, como si el tiempo en su antiestado eufórico, su hubiera detenido a fumarse unos cigarros, a tomarse con calma mi café.

En momentos como el momento este, lo único, lo poco que indefectiblemente se me antoja es que el volumen del tareco este momentáneo pudiera alzarse más. Que me descuajeringue las orejas. Después de todo te has puesto tan linda que deberías ya confiar en mí. Confía en mí. No importa que te ate, que te secuestre con otros tres locos tan locos que uno anda con la máscara de Manson y luce como un ser humano muerto. No importa que te arrastre por los pelos hasta el descampado oeste de un monte cualquiera y te amarre violáceamente las patas a las patas de una silla con soga mientras te abres la garganta, y tus chillidos mudos no son remotamente comparables con la bulla que hago precisamente encima de tu cara con un embudo que hace que el sonido sea poco menos que un pistoletazo rozándote la sien.

Te lo aseguro. Debes confiar en mí. Además, me ha costado un trabajo insoportable armar la tarequera de manera que el eco brote reflexivo, pa que el retum del bajo no exceda el runcurrun de la guitarra, pa que la voz subsista bastante afín al resto de la base. Y me ha costado un trabajo asqueroso convencer a esta gente de que era necesario agarrarte el pescuezo y arrastrarte hasta aquí envueltica en sangre a escuchar cómo te grito que tengo ganas de morderte entera, puta, coño e tu madre, cara e ancla.

Te dije que debes confiar en mí. No hay nada malo en esto. Después de todo encenderé las luces y te vas a dar cuenta de que también pasé un trabajo enorme enganchando una por una las guirnaldas de las copas, los picos de los árboles (tanto que tuve que poner dosveinte en medio de este monte de matojos ecuestres). Luego vas a mirarme la cara gorda esta llena de tierra, de sudor y cariño y comprenderás que la cara gorda y tatuada esta únicamente quería mirarte. Que yo tan solo quería mirarte y que no se me ocurrió mejor idea, algo así, por ejemplo ir a tu casa, arrodillarme y pedirte una foto, o jaquearte la máquina, o algo mejor que traerte muy poco amordazada hasta el matorral asqueroso este con otros tres quimbaos que no van a mirarte ni las tetas cuando por fin te enamores de mí.

6:48 a.m.

Quién es el hombre, ¿eh? Ahora recién comienzo a alucinar.