21, Majá/ 22, Noséqué/ 23, Vapor…

Publicado: marzo 1, 2014 en Uncategorized

3:54 a.m.

Ya cumplo 23, y me preocupan cosas como que llevo un año con los mismos diez pelos guindando de la mandíbula.

Me tiré de la cama con esta idea covacha en la cabeza. Bastante buena estaba, o por lo menos le cogí cariño, o por lo menos me pareció ruin dejar al sueño desencajar en jirones de nada pura, limpia, una ideíta tal que vino a mí precisamente en un día como este. Un día especial más.

Mi esposa está despierta. Y pareciera que también mi chama se ha desvelado hoy, y me preocupa, y me preocupan cosas como que todavía hay media pared del cuarto sin pintar, medio sofá supuesto en el medio de la sala, y hay el cadáver de una cucaracha resting in peace en la meseta de la cocina. Se nos está cayendo el edificio. Se nos está cayendo el mundo entero y a mí me ha dado por dejar que caiga y sentarme en mi camita, con la tranquilidad en una mano, y ponerme a agujerearla tranquilamente con una picota, a espantarme con calma un disco viejo de Limp Bizkit, como si el tiempo en su antiestado eufórico, su hubiera detenido a fumarse unos cigarros, a tomarse con calma mi café.

En momentos como el momento este, lo único, lo poco que indefectiblemente se me antoja es que el volumen del tareco este momentáneo pudiera alzarse más. Que me descuajeringue las orejas. Después de todo te has puesto tan linda que deberías ya confiar en mí. Confía en mí. No importa que te ate, que te secuestre con otros tres locos tan locos que uno anda con la máscara de Manson y luce como un ser humano muerto. No importa que te arrastre por los pelos hasta el descampado oeste de un monte cualquiera y te amarre violáceamente las patas a las patas de una silla con soga mientras te abres la garganta, y tus chillidos mudos no son remotamente comparables con la bulla que hago precisamente encima de tu cara con un embudo que hace que el sonido sea poco menos que un pistoletazo rozándote la sien.

Te lo aseguro. Debes confiar en mí. Además, me ha costado un trabajo insoportable armar la tarequera de manera que el eco brote reflexivo, pa que el retum del bajo no exceda el runcurrun de la guitarra, pa que la voz subsista bastante afín al resto de la base. Y me ha costado un trabajo asqueroso convencer a esta gente de que era necesario agarrarte el pescuezo y arrastrarte hasta aquí envueltica en sangre a escuchar cómo te grito que tengo ganas de morderte entera, puta, coño e tu madre, cara e ancla.

Te dije que debes confiar en mí. No hay nada malo en esto. Después de todo encenderé las luces y te vas a dar cuenta de que también pasé un trabajo enorme enganchando una por una las guirnaldas de las copas, los picos de los árboles (tanto que tuve que poner dosveinte en medio de este monte de matojos ecuestres). Luego vas a mirarme la cara gorda esta llena de tierra, de sudor y cariño y comprenderás que la cara gorda y tatuada esta únicamente quería mirarte. Que yo tan solo quería mirarte y que no se me ocurrió mejor idea, algo así, por ejemplo ir a tu casa, arrodillarme y pedirte una foto, o jaquearte la máquina, o algo mejor que traerte muy poco amordazada hasta el matorral asqueroso este con otros tres quimbaos que no van a mirarte ni las tetas cuando por fin te enamores de mí.

6:48 a.m.

Quién es el hombre, ¿eh? Ahora recién comienzo a alucinar.

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