Voyeur

Publicado: abril 9, 2014 en Cuento, Jesus Jank Curbelo
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Vivo como un flamenco, con una sola pata como apoyo en el suelo y la otra en la rodilla. Parado en la ventana viendo los edificios, el garaje de cinc de los vecinos de abajo, pensando cómo hacerme una plantilla con mi nombre con una caja de cartón corrugado porque el último drama que se me ocurre es ser un grafitero de los kilos de Banksy sin saber dibujar.

Vivo con las dos patas ya en la ventana agarrado con las uñas. Fumándome un cigarro de los buenos mientras miro las lomas que se alzan pocas cuadras detrás de los edificios. Viendo entre las hendijas que se forman entre uno y otro árbol cómo timbales me consigo una cámara con zoom pa poder ver a la puta de enfrente sin sostén. Como un mirón de cuarta, sin anteojos. Como un infante, un toro, un violador.

Luego saco una pata con cuidado, la apoyo con cuidado en la soga fina de la tendedera del cuarto piso en el que estoy viviendo, y enciendo otro cigarro de los buenos, de los que valen sesenta centavos, mientras calculo una a una las paredes, ancho por largo, base por altura, a ver de qué tamaño me consigo el cartón pa hacer plantilla, una plantilla inmensa, con una letras sacadas de Word.

Y con sumo cuidado también saco los brazos y los dejo apoyadísimos en la cornisa de esta mi ventana, mientras le meto el coco que me queda sano a la manera menos expensiva de conseguirme unos pomos de espray y unacámara mediocre con zoom, o en su defecto un catalejo, un lente, unos cristaluchillos con aumento para superponerlos y ver de qué manera le veo el sostén, le vacilo la pelvis, y le escribo mi nombre en la pared más grande del reparto, donde lo vea bien, en negro oscuro, y un corazón rojo fosforescente que pienso dibujar a mano alzada, uno porque no alcanzan los cartones, y dos porque no hace falta ser Banksy pa hacer un corazón.

Y con el mismo cuidado sumiso saco el pie que quedaba sobre el suelo y lo apoyo bien sobre la soga fina de la tendedera de este cuarto piso, porque sin anteojos no veo bien entre una y otra hendija, y estoy cansado ya de imaginarme lo que sucede en esos edificios, y en las lomas que quedan pocas cuadras después del horizonte, lo que sucede a las seis de la tarde después de que el sostén queda colgado y las ventanas se cierran bruscamente, y yo sigo observando bruscamente, y sigue ella sin saber quién soy.
Con ambas patas cuidadosamente apoyadas en la soga fláccida de la tendedera de este cuarto piso, y ambas manos sufriendo en las cornisas, vivo. Solía vivir.

(Esto es oficialmente, mi primer cuento. Marzo primero de 2014.)

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