Archivos para mayo, 2014

Por Jesús Jank Curbelo

1

Estaba con Jorgito sentado en la parada del P11 a las tres de la mañana. La cola era una masa compacta de gente sin pies ni cabeza. Brazos y piernas, cuellos y relleno de estómagos fluctuaban como alas la cochambre de aquí hacia allá. Del contén a la acera. Del césped a la yerba. De la yerba…

La cola era una masa compacta de gente sin pies ni cabeza con tufo a vómito y a ron Caney.

Una cabeza negra me parece conocida. Se acerca hacia nosotros dando saltos como salta la gente cuando está muy contenta o cuando le duele un pie. Con el tumbao típico con el que suelen caminar los guapos que esperan el P11 a las tres de la mañana acabados de salir del Malecón.

– Jorgito, digo yo, ¿el prieto aquel te suena de algún la’o?

Una cabeza negra se continúa acercando. Ahora ya tiene dientes. Puedo verlos. A las tres de la mañana casi todos los negros utilizan los dientes a modo de linterna. No es que sean unos negros muy felices; es un problema de que, si no es así, no ven.

Se acerca un poco más, tímidamente.

– Asere, ese es el Denis.

– Ah, mira tú que bien…

2

Los dientes que gobiernan la cabeza negra del cuerpo del tipo llamado Denis acaban por llegar.

– Asere, ¿no te has fijado en las dos prietas aquellas?

– No.

– Mira, míralas bien.

– Ah, no me joda’ Denis. Con el calor que hace me voy a poner yo a fijarme en dos prietas… que por demás parecen deliciosas… con unos culos que dios los proteja… y esas bembonas desabotonándome…

– Bueno, mira esta talla… Ve y dile a la que más te guste de las dos que le vamos a dar veinte dólares si nos deja escupirle el ojo del culo…

Una nalga maciza. Otra nalga. El ojo del culo. Un poco más abajo, la perilla luce tal cual luciera una manzana que ha estado demasiado tiempo frígida. Y un gargajo verdoso, muy mío y pegadizo como el meconio depositándose tozudamente encima de tal agujero peludo, profundo, oscuro y negro. Negro oscuro. Negro brillante, seco.

– ¿Y de dónde vamo’ a sacar veinte dólares?

– Los tengo yo aquí…

Las manos gobernadas por los dientes de la cabeza negra del cuerpo del tipo de escupitajo fácil van lentamente al bolsillo trasero y desembolsillan una billetera con veinte dólares pintarrajeados de colores diversos como todos los dólares cubanos. Los dos ojazos rojizos del negro brillan ahora como par de antorchas. La suma de los ojos con la fosforescencia blanquecina de los dientes se me vuelve a las tres de la mañana el efecto de desamparar por horas una botella al sol.

– ¿Entonces?

Mudo.

– ¿Entonces?

– ¿Y tú crees que se deje?

– No sé. Si no le vas a preguntar…

3

– Mimi, ven acá un momentico.

Hablo directamente con un culo.

– El prieto aquel y yo tenemos veinte dólares pa’ derretirte encima.

– ¿Dos tipos por veinte dólares?…

En lo que el culo piensa conversamos mi lucidez y yo:Piensa… Piensa… Pien…. Sa… Pien… Sa… Sa… Pien… S… Sa… Piens… Sapiens… Homo… Piensa… Sapiens… Homo Erectus… Erectusest… Erectus… jacta est…

– ¡Por treinta me cogen el culo!

Mi lucidez: ¿Los dos?

El culo: ¿Los dos qué?

Mi lucidez: El culo…

El culo: De uno en uno…

Mi lucidez: De uno en uno, claro…

Yo: (A Mi lucidez) ¿Y el escupitajo?

Mi lucidez: (En voz baja) Viene incluido, imbécil…

Yo: (Con cara de imbécil) Claro, claro…

El culo: ¿Entonces…?

Mi lucidez: ¡Hecho!

El culo: ¿Y la amiguita mía, no les cuadra?

Yo: (A Mi lucidez) Es una caña…

Mi lucidez: ¿Cómo es el trato entonces?

El culo: Por cincuenta…

Yo: (A Mi lucidez) ¡Cincuenta dólares!

Mi lucidez: (A Yo) Tranquilo, bróder…

El culo: ¿Se deciden?

Mi lucidez: El problema es… que entre dos no llegamos a cincuenta. Tendrían que ser tres.

El culo: ¿Quién es el otro?

Mi lucidez: De los dos prietos que tienen el culo puesto sobre la acera, el más chiquito, el de la guitarrita…

El culo: Me parece muy bien.

Caso cerrado. Mi lucidez y El culo se dan la mano en señal de confianza. Ahora que se acerca, la amiguita de El culo es un mamut.

4

Mamut y Jorgito no han dejado de ajuntarse las lenguas salivosas a las seis cuerdas de la guitarrita.

Mientras vencemos de dos en tres las escaleras del pasillo tenebroso que conduce a la casa de alquiler, el negro Denis lo único que piensa es de dónde va a sacar cincuenta dólares cuando llegue el momento, previamente manchado el culo celulitoso de Mamut y las tetas puntiagudas de El culo de un blanquecino líquido mortuorio típico de los tipos.

El culo va delante con sus dos nalgas macizas enormes en un ir y venir, zigzag, zigzag…Le digo a Denis que se olvide de eso, que ya Mi lucidez buscará el modo de sacarnos de esta, que mire el culo aquel, zigzag, zigzag…

Mamut sin ropa es un mamut sin ropa. El culo luce como un culo enorme. Comienza el tocantinotocadero/ me empino en cueros/ todo por dinero…

Nosotros como buenos comensales nos mantuvimos con las pingas tiesas pululando en las manos mientras Mamut y El culo se besaban. Tanto que una succionó a la otra. Tanto que aquella acabó por morir.

 

5

– Los culos no son seres ahuesados – me comenta Jorgito por instinto mientras noto en su boca una herramienta rala, abstracta, organizándose. Una sonrisa tierna color plátano que disminuye progresivamente, que progresivamente se transforma en una herramienta poco menos útil. Algo como un cincel.

No entiendo cómo logra sonreírme. Mi lógica predice un gusto irrisorio por las guitarritas. Debe estarse sintiendo en el Valhala con las rodillas firmes sobre el suelo y la piel de las manos deshilachada por las seis cuerdas de la guitarrita ya fuera de esta, lejos, carcomiéndole las dos muñecas, y los dos tobillos, frente a las dos columnas que diviso, la vertebral incisiva a la espalda y la jónica que calza las paredes.

– Mi Si Sol Re La Mi- comento adentro, pero la voz irrumpe con un deje tembloroso, inevitablemente melancólico, como una guapería que no se llegara a consolidar…

Mamut me habló de los cincuenta dólares. Yo Si- Mi- Sol haciéndome el gracioso. Los nervios hacen maldades infames, los chistes, la rutina, los excesos.

– Mi Si Sol Re La Mi – le espeto en seco. Re- La- Mi- Mi- Si- Sol… La- Mi- Re… Re- La- Mi- Mi- Si- Sol… Mi- Cin- Cel…

El cartero nervioso trajo malas noticias.

6

Los culos no son seres ahuesados. Y la cabeza negra del cuerpo de un tipo sin cabeza se acerca lentamente. Redonda y lentamente por el suelo. Tristemente hacia aquí.

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Aimeé (Dear Mama)

Publicado: mayo 21, 2014 en Uncategorized

Lloro sin ganas

y te vi perderte mientras movías la mano

como quien hasta pronto.

 

Yo nunca miro atrás: cuestión

de orgullo, estupideces mías mejorables

pero te vi perderte en ese carro con

tu uniforme de maestra master que no fue a trabajar por

imprimir

mis maniobras

imperceptibles,

y por llevarme

un pomito con jugo de mango.

 

Lloro sin ganas y escribir no puedo pero escucho,

pero escucho y recuerdo y

tengo ganas de pegarle un abrazo a esos dos ojos

de jicotea linda que me quiere.

 

Además, me jode amontonarte tanta basura escrita desde

este par de manos incapaces de decir lo que sienten como lo

sienten sin pensar y punto.

Pero tú.

Sé que piensas en mí y que

yo

jamás

seré un duende de barro con pintura vigía

del jardín de la casa que sueñas, que no tienes.

 

Eres tan rara. Me pareces tan

distante

compulsiva

deshojada

y tan mía a la vez que soy tan tuyo.

Evocación mediocre.

Técnicas infalibles para el llanto pero

este par de manos

no se sueltan,

y no saben decirte aunque lo intentan.

Y lo intento

a medida

que te pierdes en ese carro con tu uniforme de maestra master

que te has ganado por tus tempestades.

Y llevas en el bolso lo que

queda del jugo de mango

y de esos besos fríos como estos versos sosos,

desaliñados

que te suelto encima

como una maquinaria

de escribirte

estos versos con tornillos y tuercas desveladas

que no van a gustarte;

que no pueden gustarle a ser alguno que

entienda lo distinto que

se ama y lo que cuesta

escribir un poema de amor cuando es amor real

sin vísceras,

con sangre

y con el tedio

y la nostalgia,

tu soledad que tantas veces debes haber tragado con

diasepán y con

creyón de labios.

 

La eternidad.

La muerte.

La sospecha.

Los puntos y el hermano que no tengo porque estás

tan vacía por mi culpa.

 

Y yo tan lleno, tan desesperado,

y tan falto de abrazo porque te vas

en ese carro blanco con

tu uniforme de maestra master a dejar los riñones en la escuela

para poder darme luego cincuenta pesos

y excusarles dentro el

te amo.

 

Tú y los recuerdos. Tú y esa vez que entré

al cuarto de repente

y te descubrí

penetrada

por un narizón

estúpido

que me quiso comprar con un video y

una jarra de cerveza

cuando tenía como siete

años.

No sé si más.

No sé si fueron menos.

Pero esa imagen.

Y aquellos poemas en los que no aparezco.

Y todas esas veces que lloraste.

Y la vez que me rompiste las libretas no

sé por qué maldito

arranque de histeria de esos

que te dan a veces,

que siembran odio en esos ojos grandes

y sales pa’ la esquina a matar mi jaba

de juguetes plásticos en el poste que

aguanta la basura que vierten los vecinos, o los ángeles.

Esos ataques

de histeria y de odio que siempre son amor

cuando te obligan a correr luego a traer mis juguetes ,

a pedirme perdón, a armarlos todos

aunque no seas capaz de ponerle

la rueda que le toca

al carrito que le toca.

 

Aunque seas capaz de apoyarme siempre.

Cuando tengo y no tengo las razones. Cuando

me dan mis ataques

de histeria por decirte

que te odio por romperme los juguetes, las libretas;

pero corro a buscarte como un

sauce

no más siento un tonito

repugnante en la voz deun profesor cualquiera.

 

Y te veo partir en ese carro con tu uniforme

de maestra master que te merece el sudor

y el orgullo de tus cuarenta

y pico de años

mínimos

y tus ojos de jicotea hermosa que

me quiere,

que devuelve la vista al percatarse de que desaparezco

de repente

en ese

horizonte de líneas

de trenes

y pancartas

y carros

y camiones,

del milagro cotidiano del huevo frito

y los candados de la reja

sin volver a pensarte

de momento;

tal vez mientras te cubres

la nostalgia de que otra vez no te dije

te amo,

de que otra vez plantaste otro

te amo

que germinó vacío,

deshojado,

sin frutos ni raíces porque

hasta ahora nacen de mi pecho:

mi pecho moraúzco

de negro insoportable que te adora hasta más no poder.