LA FIESTA DE LA CHINA

Publicado: julio 24, 2014 en Uncategorized

1

Desperté en el sofá con una alegría del carajo. Me puse un short y fui hasta casa de Nacho. Me lo encontré con el pecho afeitado, sentado frente a la computadora escuchando LimpBizkit. Eatyourlife/ eatyoualive. Me dijo que él también estaba alegre y no sabía por qué, que suponía que era por mi culpa, por mi jevita nueva, que si quería llamarla por teléfono.

Agarré el inalámbrico, subí la música y marqué los siete números: siete nueve siete, no sé qué, no sé cuánto. Todavía recuerdo aquellos números. Me salió la mamá, una suegra amable, pensé, y me dijo que La China estaba, pero estaba en el baño. Haciéndose una paja, dijo Nacho. A costilla del novio, dije yo, y me encaramé en la idea. Y quise hacer lo mismo por un problema de estación romántica, de ver estrellas juntos aunque sea las que cuelgan del techo después de los orgasmos, aunque sean los orgasmos que uno tienequimbándose a uno mismo. Estrellas mirahuecos adictas al cigarro de después de venirse.

– ¿Entonces qué bolá? –me dijo Nacho. Llevaba diez minutos en su cuarto y no había notado que el pobre tenía algo parecido a la resaca. Un algo parecido a la anorexia. Probablemente, sueño.

– ¿Qué bolá qué? –le dije.

– ¿Y la fiesta?

– Se mantiene, supongo.

– ¿Zoriem va a ir?

– Si no lo sabes tú…

Zoriem era amiguita de La China. Pelirroja de dos metros y medio con granos en la cara. Pero tenía algo sexy. Creo que lo más sexy que tenía era mucho dinero gastado en maquillaje, en perfumitos, en un par de Converses nuevecitos y unos Hollywood rojos. La China no, La China era distinta, más bajita que yo, de boca grande, fan de Marilyn Manson, con unas piernas duras y torneadas montadas sobre un cerdo con un velo de novia en la cabeza y las costillas al aire. Además, era virgen.

Se había hecho mi novia el día antes en el pasillo que da a la escalera que da al segundo piso de las aulas que están frente por frente a la piscina.Cualquiera de La Lenin sabe de lo que hablo. Me había dado un beso que como beso había sido una mierda, un beso raro, feo, y tan sincero que me hizo ver fuegos artificiales. Por eso abrí los ojos todo el tiempo. Y eso le molestó. Me dijo que por qué abría los ojos. Le dije que no los tenía abiertos, que eso era idea suya, pensé que si le decía la verdad iba a pensar que yo era medio pájaro. O cuanto menos, yegua.

Nacho estaba en lo mismo con Zoriem.

2

A las seis de la tarde salimos pa’ la fiesta. Creo que cogimos un taxi, dos taxis, tres taxis, todo por llegar temprano. Guanabacoa está lejos. Yo iba vestido con camisa de hilo, jean roto por los bajos de pisarlos y mis tenis del momento. Nacho iba friki como de costumbre. Cuando llegamos, aun había sol.

Encontramos la casa de milagro.

– La China no ha llegado, ¿tú eres Román?, me preguntó la madre.

– Yo mismo soy.

– Es un placer, mi vida, La China no hace más que hablar de ti. ¿Quieren pasar, sentarse, esperarla?

– No, gracias, por favor, no se moleste. Esperamos afuera, en algún parque. Creo que vimos un parque por la esquina. Cuando llegue le dice que nos vaya a buscar.

Llegó La China a los quince minutos. La vi de lejos y me puse contento. Es un cañón, le digo a Nacho, ¿eh? Zoriem está mejor, me dijo Nacho. Si tú lo dices. La China se acerca. Me levanto del banco como si el banco tuviera un resorte. Me acerco. Me sonríe. Me da un beso francés con lengua, labios. Noto que intenta mejorar el beso del día antes y no cojo lucha. Este beso también es una mierda.

– ¿A qué sabe mi boca?

– No sé.

Me da otro beso.

– ¿No sientes el sabor?

– ¿A caramelo?

– No, tonto, a ciruela.

– Ciruela, claro.

– ¿Trajiste disfraz?

La fiesta era una fiesta de disfraces. Nacho y yo lo sabíamos hacía una semana. Antes de yo empatarme con La China. Antes del juego raro que tenían entre manos él y Zoriem. El juego de no estamos, pero estamos pa’ estar. Sí, lo sabíamos. No llevamos disfraces porque nos pareció lo más ridículo del mundo. Porque no había de qué disfrazarse. Porque no nos salió de los cojones.

– No. No traje ninguno.

– ¿Y tú te crees que el novio de la dueña de la fiesta va a estar sin disfrazarse?

– Sí.

– Pues mira que no. Ahora mismo te conseguimos algo.

Entramos a la casa.

– Mira, mamá, mi novio.

– Ya lo vi.

– Es lindo, ¿eh?

Silencio.

– Tú y tus gustos.

– Mira, papá, mi novio.

– Mucho gusto, ¿trajo disfraz?

– No trajo, pobrecito, déjame ver qué cosa se me ocurre.

Me entra a su cuarto. Revisa en el closet.

– Ya sé, voy a vestirte de mujer.

Yo estaba loco por quitarme el pulóver. Llevaba desde séptimo grado haciendo planchas, barras, paralelas, para ponerme bueno para Yilian y había logrado la mitad del objetivo: bueno me había puesto; a Yilian esa mierda jamás, nunca en la vida le importó. Ya después, en La Lenin, seguí haciendo ejercicios. A mí no me gustaba hacer aquello, pero llegó un momento en el que se hizo adictivo. Tampoco me ha gustado nunca el ron y estuve años tomándome cualquier indumbe líquido metido en pomos plásticos por treinta pesos en la calle G.

– ¿¡De mujer!?

– ¡De mujer!

– Na’. Tú estás loca…

– No seas machista, chico.

– Bueno, vale…

De todos modos yo estaba loquito por quitarme el pulóver. Por enseñarle a La China los cuadritos que tenía en el estómago, con sus lados opuestos paralelos, sus cuatro ángulos rectos. Más cuadrosque un tablero de ajedrez.

Me quedé en calzoncillos y abrió los ojos como dos ciruelas. Puse el pulóver creo que en la cama y contraje los músculos, los cuadros. Ella siguió con sus dos ojos chinos redondos como dos cosas redondas. Dos cosas muy redondas. Supongo que se relamió los labios y pensó en lo bueno que estaba su novio, cuadrado, negro, sobre fondo blanco. O pensó en qué carajo hacía ella, tan linda, con sus piernas torneadas y sus nalgas, empatada con semejante imbécil.No sé, esas cosas solo las supongo…

Perdí el sentido a los quince minutos. Después de que su padre abrió la puerta y me vio con mis músculos. Y vio los ojos chinos de su hija cada vez más salidos de sus órbitas. Y me llamó un momento a la cocina, a ayudarlo con el ron.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s