TE VO’ A DAR MÁS CANDELA

Publicado: agosto 1, 2014 en Uncategorized

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No tenía un gran culo. La verdad, era un culito flaco pegado a un par de muslos bajo una saya azul de maestra emergente. Un culito macizo de mulata oriental, de guantanamera rojiza con unos ojos chinos mandados a correr desdeuna cara hermosa y una pelambre negra suelta hasta la cintura, o hecha trenzas encima de las tetas.

Recuerdo que solía masturbarme todas las tardes tocando esas tetas con la imaginación. Tocando con las manos la parte redonda y fría de la taza del baño, botando baba de la lengua como un perro de pelea amarrado a un tío vivo. Pensando en los pezones carmelitas que salían de debajo de esa blusa de maestra emergente abierta hasta la mitadel día entero mientras hablaba de español- literatura, de con qué tipo de tilde se escribe en la pizarra la palabra erección, la palabra tocarse los cojones desde la última fila de la clase mirándola, sabiendo que ella sabe que uno se está tocando los cojones y sigue hablando con la blusa abierta, con la sonrisa abierta, con las piernas…

Yilian tenía diecinueve años. Yo como doce o trece, no recuerdo.Lo que si tengo claro es que acababa de llegar a la escuela secundaria con mi barriga y mi cara de imbécil. Que ella acababa de llegar de oriente, desquiciada y bucólica. Que en ese entonces diecinueve años me parecían una eternidad.

El caso es que aquella tarde sonó el timbre de merienda, el clásico yogur y pan con torta que supone el almuerzo, y yo me quedé en el aula. Yilian estaba sentada en una mesa al final del aula hablando con Lisbet. Yo estaba haciendo sabrá dios qué cosa hasta que ella me llamó tranquilamente, yo fui tranquilamente, y ella me dijo así, tranquilamente: ¿Tú quieres ser mi novio? Yo le dije que sí, tranquilamente, y volví a hacer lo que sea que estuviera haciendo.Desde entonces, supongo, fuimos novios.

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En la vida le puse un dedo encima. Yo era demasiado comemierda como para tocarla. Además, no sé por qué timbales se me ocurrió que aquello era mentira, que era un chiste de Yilianpa’ hacerse la graciosa alante deLisbet.

Ella en la vida me puso un dedo encima. En la vida se le ocurrió llevarme hasta su beca y ponerme la papaya, afeitada y rojiza, en la carota, a ver si yo sabía hacer cosas con la lengua. Lo más que hizo una vez fue enseñarme unas fotos que tenía sin blusa, sentada sobre el suelo como un buda flaco, con las trenzas tapándole las tetas. Me preguntó si aquello me gustaba y yo le dije que sí, y que podía enseñarme las fotos en que tenía las tetas completamente afuera porque de todos modos ya yo le había visto los pezones por debajo de la blusa, además, así iba a tener material suficiente en mi memoria fotográfica pa’ hacerme pajas después, por la tarde, y por las noches antes de dormir.

Ella se sonrío, me dijo fresco, guardó las fotos y me dejó solo.

Yo estaba loco por lamberle el cuello. Por besarle los labios. Por abrirle las nalgas y meterle los dedos en el ojo del culo, sacarlos llenos de su mierda guantanamera y metérsela en la boca, y embarrarle la cara mientras le metía el rabo por cualquier agujero hasta botar dos galones de semen. Por subirme después la portañuela y perderme pa’l carajo. Dejarla ahí, con el culito abierto, la boca llena de mierda y la espalda llena de leche. Pero eso solo sucedió en mi mente. Y me daba lo mismo.

Después llegó José Carlos, chiquillo nuevo al aula, y Yilian le empezó a coger cariño. Yo lo sabía perfectamente y me daba lo mismo. Sabía que ella lo metía en el baño y le enseñaba las nalgas, los hilos dentales de encaje que se ponía debajo de la saya en vivo y en directo, mientras yo tenía que vérselos desde la última fila cuando abría las patas, sentadaen el buró. Y me daba lo mismo. La verdad, estaba demasiado ocupado todas las tardes haciendo ejercicios para ponerme lindo para ella como para pensar.

Sabía perfectamente que ella solía quedarse en su casa, que un día se arrodilló frente a la virginidad de José Carlos y se la metió en la boca, y que tenía una boca lo suficientemente profunda y espaciosa como para meterse doce o trece años de virginidad viril hasta lo último, que la virginidad de José Carlos siguió recto por toda la garganta de Yilian, el esófago, llegó hasta el ojo del culo, y allí quedó, despierta, cansada, sonriendo.

Yo lo sabía porque José Carlos se hizo mi amigo y me contaba todo. Y se limpiaba el culo con mi envidia de una manerahorrible.

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A los dos o tres meses se mudó José Carlos. Yilian seguía con la blusa abiertaabriéndolelas patas a los varones de la última fila, luchando su regalo del día del maestro. Y los varones de la última fila le dimos uso al yogur del almuerzo echándonoslo encima del pantalón del uniforme después de masturbarnos, con el bolsillo roto para meter la mano en cuanto se le viera un pedacito de blúmer.

Ella también se excitaba mirándonos.Tanto que el día de la fiesta del maestro la borrachera le dio por bailar con cada uno de nosotros. Recuerdo que empezó a ponerse en cuatro apoyada en sus rodillas frente a uno, y al otro, al otro, al otro:se empinaba y descoyuntaba el culo como si no le formara parte de la cintura. Y lo movía en redondo, tarareaba, gemía, sonreía cachonda cuando sentía encima de sus nalgasla virginidad de alguien desperezándose, botando líquido. Entonces lo soltaba, buscaba otro, lo pegaba a la pared y se le paraba enfrente.

A veces bailaba con dos a un tiempo, uno delante tocándole el culo y el otro por detrás; hasta que se aburría del de alante, le bajaba las manos y se apoyaba encima de sus hombros, empinándole mucho más el culo al pobre virgen que se le movía atrás, hacía lo suyo, quedaba bien y se desparramaba. Yilian gemía entonces, sonreía, y seguía tarareando: pero sabes que tu cuerpo me atormenta/ y cuando yo a ti te coja/ te vo’ a dar más candela…

Yo miraba el paisaje sentado en una mesa.Yilian pidió que bailara con ella y le dije que no estaba pa’ eso, que estaba muy ocupado luchando material pa’ mi memoria fotográfica, pa’ mis orgasmos en la tasa del baño, los de antes de dormirme. Ella se molestó, me llamó aparte, me dijo que si yo no la quería. Yo le dije que me daba lo mismo, que de todas maneras lo más que había hecho ella en su papel de novia por sacarme la leche había sido abrir las patas frente al aula, enseñarme las tetas por debajo de la blusa. Ella dijo que todo no era el sexo, olvídate de mí, eres una mierda.

Yo hice lo que dijeron mis tres dedos de frente. Por ese entonces comencé a fumar.

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