Dime, tristeza

Publicado: agosto 7, 2014 en Uncategorized
Cuadro de Edvard Munch

Cuadro de Edvard Munch

 

Por Jesús Jank Curbelo

Así, sentado, de noche, escribiendo. Mi hijo duerme, entonces me permito unos minutos tristes. Es difícil, me consta. Y eso que tengo un piano que es lo más mustio que he escuchado nunca. Miento, hay cosas más mustias. Pianos más mustios. Mozart, Debussy.

Esto no. Esto es una tristeza comercial. Una tristeza para ser vendida que perdió hace bastante el sentido del llanto. El sentido de sentarse de noche a recordar fumándose un cigarro. Una tristeza bastante pensada, cómoda. Una tristeza con arreglos. Teatro, postalita. No se vale. Hay mucha gente pobre pagando unos centavos por llevarse contigo esta tristeza. Por no sentirse solos, desechables. Por no sentirse lo único triste que flota con las moscas encima del latón de la basura. Debajo del camión de la basura. Mucho más bajo que la vida aún.

Hay mucha gente trabajando duro detrás de esta tristeza. Muchas horas de hombre sentado frente al piano. Mucha miel, mucha yerba, perfume, cascarilla, clara de huevo. Mucho tabaco que no fue comprado. Mucha escritura sobre un pentagrama. Mucho tiempo feliz. Mucho equilibrio que pudo perfectamente saltarse esa tristeza corriente como un bache y seguir corriendo recto.

Pero esto vende. La tristeza, vende. Qué triste, ¿no? Jugar con tus adentros como si tus adentros, además de ser pobres, fueran plásticos. Como si rebotaran entre las varias paredes del Banco, de la tarjeta donde están los dólares del vendedor de espinas. Del tipo que te dijo que las rosas no eran rojas del todo, y te jodió el sentido del amor para venderte el sentido de una tristeza turbia como esta que ahora escucho, que puede serAdele o ser The Beatles; que puede ser Shakira, Metallica,Eminem (Pitbull nunca está triste); que puede ser LiubaMaría Hevia, Jacob Forever, Silvio, Los Aldeanos…

Una tristeza con cerebro dentro que deja de ser limpia. Que ya no es lo bonito que se le ve después a ese momento en el que uno pierde todo, una pareja, el pollo, el P14, un familiar. Ese momento en que uno está tan gacho, corroído por dentro, que sale caminando con los pasos pesados y los párpados, la permanencia de una nube gris.

Esa tristeza que bien yo conozco, que faja, que se extraña.La que se va al garete dentro de un par de discos de platino y no hace nada por sí, por aferrarse, por seguirnos cayendo como el manto de estrellas de Morfeo encima de las cabezas. La que reprocho: dime, oh tristeza, tú dime, mientras tanto, when will I see you again?

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