Archivos para abril, 2015

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POSTUM

La cara hinchada, o henchida, y el llanto, mi llanto, nuestro llanto por verle así, sin la típica risa, tendido, inmóvil, lejos. ¡Por dios santo! Con la cabeza hirviendo no se puede escribir.

Pude darle el abrazo que no le pudo dar, probablemente, Radio Progreso. Luto. Loa, empeño. Seguir pinchando porque hay que seguirle. Pinchando, para él. Nadie lo ha dicho. Pero había que verle la última vez que le estreché la mano diciéndome que apagara el cigarro, que fumar mata. Y sin embargo, vivo. Y sin embargo, él… Y ahora nos cierran. Otra persona levantará el índice cuando empiece a grabarse mi primera novela sin su genio. Su ingenio.

Y esta es mi última entrevista. La última suya. Y qué diablos importa si el Noticiero dice, o Cuba dice, o calla. Callan todos. Luego, bajo, desciende el cuerpo. Lo demás, se eleva.

Con la cabeza hirviendo no se puede escribir.

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LA ENTREVISTA

Esta entrevista debería llamarse ¿Por qué Héctor Pérez Ramírez no es Premio Nacional de Radio? Pero a títulos obvios, ironía. Gracias a Dios por gente como él.

Silencio… ¡Grabando!

¿Quién es Héctor Pérez Ramírez?

Héctor Pérez Ramírez es un director de programas dramatizados de radio que lleva 57 años en el medio… Claro, empezó muy joven, ¿no? Participábamos Iván Pérez mi hermano y yo como colaboradores en un programa que se llamó Noticias a montón y chismes a granel, en La voz del aire: una emisora que estaba en un edificio muy alto que hay en 25 y G, un edificio vetusto que hay ahí, en el piso 10 u 11.Por allá arriba estaba La voz del aire.

¿Qué se llamaba colaborar en aquel momento? Era simplemente: uno hacía notas, algún comentario sobre un programa de televisión, sobre una película. En un primer programa, que era un programa de corte farandulero, se leían esas colaboraciones. Luego el espacio fue tomando otro corte: se empezaron a hacer sketch, escenas cortas. Ahí empezamos nosotros la parte de la actuación, en el 1957: terminábamos en la escuela por la mañana, íbamos a hacer el programa, y volvíamos para la escuela por la tarde. ¡Eramágico aquello!

Vamos a ser sinceros, Iván Pérez me embulló en eso, porque yo tenía poco clara la idea. Pero Iván que es una persona muy inteligente, muy talentosa, pues siempre se va alante.Él quizás vislumbró lo que podía ser una carrera, y me condujo para que yo me embullara también en eso.

De ahí fuimos pasando por varias emisoras: Radio Capital Artalejo, Cadena Oriental de Radio, que ya estaba en La Habana, y nos vinculamos con un señor que escribía un programa llamado Templo Martiano. Ahí se hacía la vida de personajes célebres, personas importantes, todo vinculado al pensamiento martiano. Después pasamos a Radio Rebelde, y vinieron ya otros derroteros en el camino de la actuación: aventuras, novelas.

En el caso mío, tuve que pasar el Servicio Militar Obligatorio, y aunque yo hice radio dentro del ejército, también hice teatro. Ya nosotros hacíamos teatro: teníamos un saloncitoen el patio de la casa, y hacíamos lo que ahora se llama Teatro Comunitario, y tratábamos de incentivarlo también en la escuela…

Después del Servicio Militar, mi carrera quedó un poco… incierta. Y una persona que estaba en el ejército conmigo me embulló, para que me involucrara a hacer teatro para niños. Para mí eso era algo… no sé, ¡yo no sabía cómo encausar aquello! En aquel momento yo estaba haciendo teatro universitario, en una sala que estaba en la esquina de 23 y L: donde ahora hay una cafetería muy grande, antes había una sala de teatro preciosa. Y pasé la Escuela Nacional de Teatro para Niños, que estaba en Güira de Melena.

Salí de allí dirigiendo el Grupo de Teatro para Niños y Jóvenes Plaza de la Revolución. Ahí hice una labor de casi 15 años, dentro y fuera del municipio. Una etapa bellísima, de cosas hermosas, encuentros tremendos, porque los niños no tienen reparo…

Yo creo que se hizo una buena labor. Se logró tener un colectivo muy coherente, con actores muy competentes.Recordaba ahora, a raíz del boom de la película Meñique, que hicimos un montaje en el año 1979, con Meñique. A mí me gusta mucho la obra martiana, y ya habíamos hecho La caja de las maravillas, con Los zapaticos de rosa y toda La edad de oro. Entonces hicimos Meñique, en el Guiñol Nacional, que se consideró en aquel momento el montaje más importante del teatro para niños en Cuba.Fue muy gratificante aquella obra: unos títeres, una escenografía preciosa. Muy práctico todo.

Luego volví para la radio. ¡Volví para la radio! Estuve en Radio Cordón de La Habana, que fue el antecedente de Radio Ciudad de La Habana. Ahí empecé como actor. Luego empecé a dirigir. Y gustó tanto el trabajo que se estaba haciendo con los dramatizados en la emisora quellegamos a tener ocho programas: novela histórica, espacios sobre legalidad, cuentos, radioteatros, y sobre todo un programa que tuvo mucho éxito que se llamó El Mensajero: un programa que se transmitía a las 10 o a las 11 de la noche, y eran casos turbulentos, de misterio, de terror. Gustó mucho. Primero lo protagonizó Mario López, un excelente actor, y después Bernardo Menéndez padre.

Sucedió que la dirección de la emisora decidió eliminar todos aquellos programas, tenían otros intereses, y yo vine para Radio Progreso, gracias a Julio Pérez y a Rebeca Nunchi, a empezar a dirigir Reto a la imaginación: un programa muy interesante, fascinante, sobre ciencia y técnica. Y empecé a dirigir otros programas, no me puedo quejar: En nueve minutos, Por nuestros campos y ciudades… ¡hasta Fiesta Guajira he dirigido yo en Radio Progreso!Y lo digo con satisfacción, porque dentro de Fiesta Guajira hice la única novela en décimas que se ha hecho…

Empezamos a hacer un programa experimental que se llamó Espectro. Se transmitía por la noche, tarde. Comenzó con El Talismán, de Stephen King y Peter Straub, que manejaba un mundo con dos dimensiones. Fue un experimento muy interesante: se hacían leyendas, cuentos fantásticos. Pero vino el Periodo Especial, hubo que reducir la programación, y le tocó caer al último programa que apareció.

Entonces sucede que, a principios de los 90, falleció el gran director radial Abelardo Rodríguez. Ya él había estado enfermito, y yo había estado sustituyéndolo a veces en el trabajo.Hasta que él desaparece, y me asignan a mí dirigir nada más y nada menos que La gran aventura de la humanidad y La novela de las dos… ¡Y yo que me cansé de oír esos programas, desde muy niño, de pronto me encuentro con que iba a ser el director absoluto! Para mí eso fue un impacto muy grande.

Me tuve que enfrentar de lleno con La gran aventura de la humanidad, un espacio antiguo, con mucho peso, con mucha fuerza.Por ahí habían pasado importantísimos directores de Radio Progreso: Rafael Linares… ¡Tremendo! Y La novela de las dos, que es el espacio más antiguo de Radio Progreso, porque el espacio dramático de las dos de la tarde ya venía de la radio capitalista. Tuvo varios nombres: Esta es mi vida, La novela de las dos, La novela de las dos y cuarto… Pero siempre era un espacio dramatizado, novelado, a las dos de la tarde. ¡Y también Héctor Pérez Ramírez tuvo que ir a dirigir La novela de las dos!

Tuve el apoyo de todo el mundo. De casi todo el mundo. Y todavía me mantengo dirigiendo La gran aventura de la humanidad y La novela de las dos con mucho gusto, porque son programas en los que uno aprende muchísimo. Yo he descubierto tantas cosas fascinantes que se han realizado en el mundo.Tantos hechos.Desde la vida de Modigliani, que la hicimos hace poco,hasta la vida de Edgar Allan Poe, la vida de Chaplin, Pancho Villa, Emiliano Zapata… ¡Ya se le olvidan a uno tantos y tantos títulos fabulosos!

Después, por situaciones en la emisora, oro gran director de la radio en Cuba, Gilberto Enríquez, se retira, y me asignan también Así se forjó la Patria… ¡Imagínese usted! ¡Tenía en mis manos la historia de Cuba y la historia universal dentro de Radio Progreso!

Ya se había creado un programa llamado Huellas, de carácter histórico, monotemático pero general; lo mismo se transmitía una cosa cubana que extranjera, pero era un programa muy bueno, muy interesante. ¡Nos embullamos tanto cuando surgió Huellas!, porque tenía muy buen prospecto, y yo creo que se mantiene. Hace poco hicimos un programa sobre Alfonsina Storni que quedó precioso… ¡Cosas tremendas que han pasado por mis manos! A mí a veces me golpea decir: mira que yo he hecho cosas, y qué feliz me siento.

¿Qué se siente dirigir?

Que uno es el dueño del negocio. Pero es una responsabilidad muy grande. Dice Nelson Door, que es una eminencia en la dirección escénica, que el director es el responsable máximo de la puesta en escena, y lógicamente de la puesta en micrófono también. Uno puede tener un equipo muy bueno, yo tengo equipos muy buenos, pero uno es el responsable. Lo que salga, tú eres el que lo dejaste salir.

Pero el trabajo de la radio es algo tan lindo, tan fascinante. Porquetú vas a hacer una obra de teatro y tienes que buscar escenografía, tienes que vestir a los actores, tienes que buscar todo una serie de cosas. Pero en radio no. Basándote en un buen argumento, y en estos momentos tenemos muy buenos escritores, tú puedes hacer lo que quieras. Porque puedes contar siempre con la imaginación del oyente. Y como el oyente cubano tiene tan buena imaginación, la radio no tiene contrincante. La televisión no es un contrincante para la radio en Cuba. El teatro tampoco. El cine tampoco. Nosotros tenemos una programación dramatizada extraordinaria, interesantísima, que tiene todo tipo de programas: policiaco cubano, extranjero, novela de amor, programa para la salud, de comentarios…

La radio tiene todo tipo de programas, y la televisión no llega. No cuadra. Y tiene otros horarios. Es más, nosotros tenemos un espacio que se llama Noche de novela, a las diez de la noche, donde se transmiten novelas ya pasadas, ¡y tiene una audiencia extraordinaria!¡Y ahí si choca con la televisión! Pero nuestros oyentes son fieles. Son tremendamente fieles. Y nos critican.Yo dirijo Progreso por dentro, también, y lo que recibimos de cartas es algo increíble. Iván Pérez, que es el que recepciona todo eso, el que escribe el guióny lo conduce, le da respuesta a todas las cartas que se reciben en el espacio. Y es una cantidad de correspondencia increíble. Ahí los oyentes, sobre todo los colaboradores, dan sus valoraciones, a veces muy duras y muy fuertes, pero ese es su criterio, y para ellos trabajamos, y nos sirve de acicate lo que ellos nos dicen.

Gracias a ellos es que nosotros nos alimentamos, o como se dice ahora, nos “retroalimentamos”. Porque nadie más se acuerda de nosotros. Es muy difícil que salga una crítica en la prensa, o en otro medio. Cuando han salido no nos podemos quejar, porque creo que dicen la verdad. Y a veces nos invitan a algún programa de televisión los compañeros de Al Mediodía, que siempre están pendientes de si hacemos un estreno; también el Departamento de Relaciones Públicas de la emisora es muy eficiente en eso. Y nos invitan a algún programa del Canal Educativo: hace poco nos invitaron a un programa en vivo a las seis y media de la tarde y fueron muy amables… Pero eso es en ocasiones. Nadie más se acuerda de nosotros.

¿Por qué sucede? No sé. Será que no oyen la radio dramatizada. Pero el grueso del pueblo si la oye, y tiene muy buena opinión del trabajo que realizamos…De nadie más recibimos alabanzas. Señalamientos sí recibimos de la parte interior, de los jefes. Casi siempre recibimos reprimendas. Parece que nunca hacemos nada bueno para los que nos dirigen.

Pero algunos oyentes, por ejemplo, nos escriben poesías. Poesías dedicadas a nosotros. Es algo increíble. En una hoja linda, una hoja de papel, la pintan, la decoran, te escriben versos, y… ¡Eso quiere decir que significamos algo! Porque si no esa persona no va a ocupar su tiempo en hacer eso. Versos a los programas, a los actores. ¡Dicen cosas de los actores, fascinantes! ¡Cómo les gusta lo que hacen! ¡Eso es lo que nos llena la vida! El oyente, porque es para quien trabajamos. Nosotros no trabajamos para dirigentesni para jefes.

Galardones sí hemos obtenido. Cuando se hacen eventos: festivales, los premios Caricato, los premios Caracol, competimos, y con algunos programas pues, hemos obtenido premios. Recuerdo que en una ocasión arrasamos con un Festival de Radio que se hizo en Holguín. Todos los premios se los llevó La gran aventura de la humanidad con la vida de Gandhi… ¡Ah, la vida de Gandhi, Dios mío, qué serie tan fascinante! ¡Qué gran hombre! Y nos llevamos los premios: mejor ópera, mejor narración, mejor dirección. ¡Aquello fue terrible!

A veces es muy difícil competir, porque tecnológicamente no da tiempo de preparar las cosas. Casi siempre los eventos son más o menos en la época en que nosotros salimos de vacaciones, y tenemos que dejar toda la programación preparada para los meses de agosto y septiembre. Y es más importante dejar lista esa programación que ponerte a preparar programas para mandar a un concurso. No hay tiempo para eso. A veces pasa el concurso y tú no puedes competir…

¿Premio Nacional de Radio?

El Premio Nacional de Radio es Iván Pérez. Yo no. ¡Pero yo me siento feliz con que Iván lo sea! Él fue seleccionado muy acertadamente. Y yo feliz. Porque él es… ¡el genio! Es increíblemente talentoso, excelente.

Yo tengo otros galardones: la Distinción por la Cultura Nacional, la Orden Raúl Gómez García, el premio de la Agencia ACTUAR por la obra de la vida, que es una satisfacción extraordinaria porque, el día que me entregaron el premio ACTUAR, ¡por Dios!, también se lo entregaron a Rosita Fornés, a Alicia Fernández, a Martha Jiménez Oropesa, y yo dije: ¡ay Dios mío, yo entre todas estas personalidades tan grandes!No hay cómo alcanzar, cómo valorar el peso que para uno tiene encontrarse con esas grandes de la escena, del teatro, de la televisión. Eso para mí fue muy importante.¡Pero lo más importante es dirigir!

El proceso de dirección es largo. Tú recibes el libreto de la serie en cuestión, lo revisas, lo analizas, le haces cambios o no, porque eso pasa por la asesora después que el escritor lo entrega, y haces el repartode los actores que vas a utilizar. Te lo lees una, dos, y a veces hay que leérselo más veces, porque hay que cuadrar bien lo que se va a hacer. Claro, en esto funciona también la técnica. Ya uno lleva muchos años dirigiendo, y yo no me tengo que poner a estar haciendo quizás la división por escenas ni nada de eso…

Los libretos ahora son libretos muy complejos. La época de oro de la radio cubana, de la cual nos sentimos muy halagados porque fue el germen de todo lo demás, no hacía los programas tan complejos como los tenemos ahora. Los programas hoy tienen una serie de dificultades artísticas y técnicas que antes no tenían. Y eso es bueno. Y con la nueva tecnología digital los programas quedan más bonitos, quedan mejor.

Pero cuando después de revisar los libretos, llega el día de grabar… ¡Es un reto nuevo cada día!, porque cada programa es diferente. Nosotros no tenemos tiempo de aburrirnos. ¡Cada programa que tú haces es como si empezaras!

Uno a veces se tropieza con el chofer de guagua que te maltrata, o no, eso depende. Te vas a la tienda, o te vas a un lugar público, un policlínico, y el empleado no te trata bien. No quiere decir que todo el mundo sea así, hay lugares que te tratan de maravilla… Pero nosotros no tenemos esa alternativa. Nosotros siempre tenemos que hacerlo bien. Y si no lo hacemos bien, vienen otras complicaciones: te señalan, te llaman la atención. Y el oyente no perdona. Yo no puedo decirle al oyente: ¡ay, disculpa, me dolía la cabeza! O: ¡ay, mira, la actriz se sentía mal! No. Cuando tú entras al estudio tienes que dejar todos los problemas fuera. No puedes sentirte presionado por nada, únicamente por el libreto que vas a dirigir. Haces trabajo de mesa, cosa que yo me siento muy feliz haciendo porque es un trabajo directo con el actor, montas el libreto, y después, ¡a grabarlo!

Es algo inimaginable. A veces uno termina de hacer una escena violenta, una escena tremenda, y si el actor queda muy bien allá adentro los actores lo aplauden. Ayer mismo en una grabación que estaba haciendo en Radio Arte con Isaily Merino, una actriz joven con un futuro tremendo, ella terminó de hacer una escena de enajenación del personaje, y cuando la música cubrió, nosotros estábamos en ese proceso de transición, y vemos que los actores la comienzan a aplaudir tremendamente adentro. ¡Uno se siente también aplaudido! Porque uno forma parte de este negocio. Esto es un negocio. Y qué feliz que tus mismos compañeros te admiren, y te quieran, y te aplaudan.

Yo me siento muy contento cuando camino y me encuentro con mis compañeros en los pasillos: estos pasillos por donde han pasado tantas glorias de la radio. Tantas que no hay cómo pensarlo, porque lo piensas y tiemblas. Saber que por estos pasillos, en estos estudios, estuvo Martha Muñiz, Bernardo Pascual, Abelardo Rodríguez, FelaHart, Aurora Pita, Marina Rodríguez, EnricaSantiesteban, Carlos Badía, Raúl Seles, Agustín Campos. Tantos nombres extraordinarios que tú dices: ¿y ahora yo estoy pasando por estos pasillos?

Nuevas generaciones

Lo viejo pasa. Los años pasan. Indiscutiblemente hay que preparar nuevos actores. Aunque la radio es el único medio que te permite trabajar toda la vida: tú puedes empezar desde niño hasta viejito, y vas pasando por todas las categorías de los personajes. Hay actores que han hecho el personaje cuando era niño, después lo hicieron de joven, y de viejo. Y también hay actrices, sobre todo, capaces hacer varias generaciones. Pero indiscutiblemente eso pasa, y hay que trabajar con la gente nueva.

Nosotros en Cuba hemos tenido una suerte tremenda, porque aquí hay actores excelentes. Toda la vida hubo actores excelentes, desde el teatro, hasta cuando se creó la radio, se creó la televisión. Siempre Cuba ha tenido actores excelentes. Como ha tenido escritores excelentes, y directores excelentes, y operadores de efecto, y narradores. Nosotros somos una cantera extraordinaria de talento. Y eso hay que moverlo. Hay que moverlo porque te lo lleva la vida. La vida en ese sentido es implacable. Pasan los tiempos. Personas que pasan, llegan y se van. Se van para otro lugar, hacen otra cosa, se van para la televisión, que es una atracción muy grande para muchos actores, aunque es muy efímera.

Hay que preparar gente joven constantemente. Aunque después se te vayan de las manos. Aunque después lo utilicen otros directores. Aunque después se vayan para otro medio. Aunque después se vayan para otro país…

Y yo me siento muy contento preparando a las jóvenes generaciones, porque creo que está dentro de los signos que han marcado mi vida. Preparar gente joven. Trabajar con gente joven. Y me llevo muy bien con la gente joven. Cuando yo me tropiezo en los pasillos, o en la misma calle, con un actor joven y me abraza, y me saluda,¡uno se siente recompensado de que el trabajo de tantos no haya sido por gusto! Es como si Dios no hubiera tenido reparo en ofrecerte toda su gracia, para que tú pudieras vivir a plenitud.

¡Y ya, que me demoré demasiado, y todavía tengo que ir a almorzar!