Archivos para octubre, 2015

PARA INGRID

Publicado: octubre 6, 2015 en Uncategorized

Hace casi tres años y seguimos yendo al mismo zoológico, bajando el ascensor y traspasando el portezón de vidrio gigantesco para no saludar a la vecina, al que vende dulces, comprando café. Sin embargo entro al cuarto y te veo con los dos ojos cerrados, las piernas juntas una sobre otra y tapada hasta la mitad del cuerpo con el pelo revuelto encima de Nacho, abrazándolo, tierna, tiernos los dos, y esperando el momento en que lance su chillido, hasta el más mínimo, para estirar el brazo y ponerle el tete, cantarle sin ritmo. Y pienso que he nacido para esto: para ti, para ustedes. Y pienso en que estuve veintiún años dando vueltas en G, o alrededor de mi propia existencia melancólica, para desembocar como las grullas en esto, en ti. Y pienso en qué me haces. Palpito y sé que todo va a estar fresa, que vas a despertar por la mañana con el niño, y con las ojeras tiesas, para hacer la comida, o calentarte, o sentarte a ver Manga frente a la máquina, y sé que mañana, cuando despierte, voy a hacer la leche que no quieres tomarte y que vas a tomarte la mitad del vaso solo porque me amas. Y hasta pienso en que ese vaso, es probable, no es más que el mismo vaso en que has tomado el café con el cigarro mucho tiempo después de despertarte tambaleando entre los brazos de otro. Entonces sudo, e indefectiblemente se me ocurre que quiero que ese cuerpo hermoso y flaco sea exclusivo para mi deleite, y te celo, y pienso, ídem, que es buena táctica el besarte el cuello, pedirte que desposes a este cuerpo con ocho años menos y más libras para que viva junto a toda tú.

Entonces fumo parado en el patio mirando a las ventanas, o a las nubes ya negras con una luna en medio que no se ve muy bien, y expulso el humo sabiendo que detrás de esa ventana estás tú y está mi niño, agazapados, tanteando en la almohada de la izquierda como si fuera yo y que, sin embargo, yo estoy fumando justo al lado de la ropa que lavamos ayer con un pedazo de detergente, y que tendimos luego, que aún no se ha secado por la lluvia, y la corro en el perchero lo más que alcance el hilo de la tendedera para no ensuciarla. Y recuerdo que llevo ya tres años buscando el modo de hacerme tu héroe, de que estés orgullosa de salir a la calle aguantando los dedos de mis manos con ese mismo orgullo que siento yo cuando te escucho hablando, cuando te veo peinarte frente al espejo, o embarrarte en crema, y me haces palidecer, estar cachondo, intentar verte debajo del blúmer cuando levantas esos muslos parejos y blancos a la altura de tu pecho sobre el sillón, con los dos pies descalzos y las chancletas una en la cocina y la otra frente al baño. Y te amo tanto. Y amo a Nachito. Y amo lo que hacemos los días y los días encerrados en esta casa aunque sé que te fundes, y que me pides descaradamente que te saque a una fiesta, o al zoológico, o a poner copos en cualquier esquina aunque sea para no fundirnos tanto, o fundirte tú, y yo nunca te complazco, o te complazco tanto hasta mí mismo por sentirme culpable de tu encierro sin corcel ni armamento, sin un chino precioso que te salve del delirio de todos estos días.

Luego el cigarro se termina. Y otro. Sabiendo que no te dejo fumar y que, con ello, es probable que te esté desguabinando la juventud, esos aires de imperio que tienes en las fotos, tantas fotos, antes de conocerme; esas fotos en las que estás desnuda, o contenta, o con amigos cuya risa tuya me hace sentir furioso de que esa risa se te esté muriendo como si fuera yo tu enterrador. Entonces sudo. Te veo cruzar la calle sin besarme y odio que te jorobes, que salgas sin pintar, que nunca almuerces, que pases tanto tiempo preocupada que ya ni tienes tiempo de reírte, de cortar con la máquina esos tres pelos rubios que ni pinchan. Pero Nacho es hermoso. Y yo engordo a la par que se me ensancha lo mucho que los quiero, y lo capaz que sería de quedarme sin un brazo por ni un pellizco en ninguno de ustedes, por ningún negro que me les resingue, por ningún jefe alzándoles la voz. Y sin embargo, sigo pidiéndoles que se me pierdan por lo menos algún fin de semana para que se me ponga grande el techo, para acostarme en la misma esquinita cediéndoles el hueco de la cama y masturbarme pensando en aquel día, en la última vez, en que me gustas tanto que no puedo dormirme sin mirarte, como esta noche en la que paro todo, voy hasta el baño y te veo regodearte desde la hendija de la puerta, dentro, voy hasta ti y casi que estás roncando, te tapo bien, te beso, te apapacho, enderezo al niño y veo cómo crece, cómo tú y yo nos ponemos tan viejos que sin embargo aún dormimos juntos, vemos una película, o te sientas encima de mis muslos para que yo me ensanche sobre mí mismo, y te acaricie el pelo, te vea cerrar los ojos y quiera yo meterme en lo que piensas para que pienses solamente en mí.

Te amo, Galana. Recién ayer cumplimos otro mes.

Lunes 25.05.2015; 23.42 a.m.