BLACK BANDANA

Publicado: julio 22, 2016 en Uncategorized

Yo también te dejé solo en el tanque. Solo, quemao, solo, con la cabeza hirviente como un fósforo. Yo también te dejé y tampoco, ahora, me considero amigo, jinetero, me considero ekobio, tu consorte. Yo tampoco soy bueno. Y sin embargo, estoy afuera, aquí, me desperezo, te escucho y pienso, pienso y me estrangulo, me dejo colorear y el viento brama como esa vez detrás de las guitarras, como esa vez debajo de tus ojos, como las doce o diez lágrimas flacas debajo de tus gafas. Yo también llego hoy tarde y me deslizo por la escalera, y tú ahí estás, sentado, con audífonos, recitándome el modo en el que alguien, un español constante que me inspira y te inspira, que me intimida y a ambos nos insípida, planifica la forma divertida de follarse a su osito de peluche. Porque eras tú también, allí, la avispa, la camiseta blanca con abdomen que me vio llorar veces, demasiadas, bastantes, y que compartió conmigo cigarros, cosas, planes, cosas, sueños, matrices, disparates. Yo también una vez te entrevisté como hace uno con un hombre que se respeta y vi que no tenías ni dieciocho años, pero me hice tu amigo y me pusiste a mover los dedos y a guindarme al cuello la camiseta negra para nada, porque eso no era útil, por el hecho de parecer, y uní el pulgar y el índice con los dedos cerrados y espantosos para pensar palabras que decía al ritmo de un ritmo hecho con unas manos, una boca, un zíper, y yo también, ahora, pudiera compartir cama contigo, y rayas, pero un día, un día malo dejé de verte sentado en el banco dos bancos más al este, aquella tarde, cuando por fin tuviste celular propio y número, esa tarde en que patinaban mientras tú fumabas, negro, cándido, amor, frugal, profundo. Yo también, infantil, ahora, consorte, te estoy dejando solo allí en el tanque, en la visita, en el hidropónico, en la granja aquella en la que no sé qué puedes andar haciendo, pecho, espalda, y leyendo, porque después no sé si te conozca, si vas a perdonarlos a todos, si vas a salir rebelde o recto, y tal, rebelde o recto, o sapo, u hombre, o antihigiénico, o si vas a salir. Yo también, bróder, estoy que me levanto con las manos endurecidas, con las patas grandes, estoy que me persigno y salgo, y tiemplo. Estoy hecho otra cosa. Y cuando salgas tampoco sé si voy a perdonarlos a todos, o si voy a ser rebelde, o gente, o simple, u hombre, o rana, o algo. Pero estuve escuchándote cantándole encima al viento que hay en las guitarras (blancas aún, arpegian, esperando), y un ataquito de melancolía me dio por escribir esto en dos megas, como si un día pudiera mandártelo como un fichero adjunto.

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