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UN PAN

Publicado: septiembre 17, 2015 en Cuento, Jesus Jank Curbelo
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Ella llega por la entrada trasera de la panadería, compra un pan alargado y sigue andando. Es una rubia de ojos como lápices, grandes lápices verdes, y un pulóver que le cubre hasta el muslo. La conozco. Sé que se llama Silvia y que escribe unos poemas muy simpáticos, malandros, avezados. Es la clase de hembra que uno conoce hace ya mucho tiempo y que bien pudiera no haber conocido. Da igual.

Yo estoy sentado sobre el suelo fumando un cigarrillo. No sé por qué ni cómo llegué al suelo de la panadería pero allí estoy, y ella pasa a tres metros, me mira como se mira a un mendigo, compra el pan y se larga. La sigo con la vista hasta que dobla. Me levanto y no está. Todo está oscuro. Alguien debió haber puesto algunas luces alrededor de la panadería. Desisto.

– Hey –escucho. Aquí estoy.

Zigzagueo con los ojos. Enciendo la linterna del teléfono y ella está allí, menuda, agazapada, hecha un ovillo encima de un periódico y cubierta por una pequeña mata.

– ¿Juegas conmigo? –dice.

Yo me acerco. Le apunto con la luz y parpadean sus grandes ojos. Boto el cigarrillo. Doy unos pasos hasta la escalera y quedo de pie frente a este animalejo que me pide jugar.

– ¿Juegas conmigo?

Me agacho frente a ella y se incorpora. Toma el pan, lo mastica sin siquiera cortarlo y lo empina hacia mi cara.

– No, no quiero. Tú eres Silvia, ¿no es cierto?

Ella mastica, asiente y se acurruca con las rodillas bajo la mandíbula y la espalda en la pared.

– ¿A qué jugamos? –le digo y se ilumina. Saca un mazo de cartas y las pone en el suelo. Yo me acerco. Pego mi cara con su cara, lento. Ella apenas respira. Pongo mis labios dentro de sus labios y le meto la lengua. Ella tirita. Yo pienso que antes de estar diez minutos jugando a cualquier mierda con una niña de ocho o nueve años, lo más prudente es asegurar.

(Jueves 16 de abril, 2015. 3:37 a.m.)

Voyeur

Publicado: abril 9, 2014 en Cuento, Jesus Jank Curbelo
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Vivo como un flamenco, con una sola pata como apoyo en el suelo y la otra en la rodilla. Parado en la ventana viendo los edificios, el garaje de cinc de los vecinos de abajo, pensando cómo hacerme una plantilla con mi nombre con una caja de cartón corrugado porque el último drama que se me ocurre es ser un grafitero de los kilos de Banksy sin saber dibujar. (más…)