BLACK BANDANA

Publicado: julio 22, 2016 en Uncategorized

Yo también te dejé solo en el tanque. Solo, quemao, solo, con la cabeza hirviente como un fósforo. Yo también te dejé y tampoco, ahora, me considero amigo, jinetero, me considero ekobio, tu consorte. Yo tampoco soy bueno. Y sin embargo, estoy afuera, aquí, me desperezo, te escucho y pienso, pienso y me estrangulo, me dejo colorear y el viento brama como esa vez detrás de las guitarras, como esa vez debajo de tus ojos, como las doce o diez lágrimas flacas debajo de tus gafas. Yo también llego hoy tarde y me deslizo por la escalera, y tú ahí estás, sentado, con audífonos, recitándome el modo en el que alguien, un español constante que me inspira y te inspira, que me intimida y a ambos nos insípida, planifica la forma divertida de follarse a su osito de peluche. Porque eras tú también, allí, la avispa, la camiseta blanca con abdomen que me vio llorar veces, demasiadas, bastantes, y que compartió conmigo cigarros, cosas, planes, cosas, sueños, matrices, disparates. Yo también una vez te entrevisté como hace uno con un hombre que se respeta y vi que no tenías ni dieciocho años, pero me hice tu amigo y me pusiste a mover los dedos y a guindarme al cuello la camiseta negra para nada, porque eso no era útil, por el hecho de parecer, y uní el pulgar y el índice con los dedos cerrados y espantosos para pensar palabras que decía al ritmo de un ritmo hecho con unas manos, una boca, un zíper, y yo también, ahora, pudiera compartir cama contigo, y rayas, pero un día, un día malo dejé de verte sentado en el banco dos bancos más al este, aquella tarde, cuando por fin tuviste celular propio y número, esa tarde en que patinaban mientras tú fumabas, negro, cándido, amor, frugal, profundo. Yo también, infantil, ahora, consorte, te estoy dejando solo allí en el tanque, en la visita, en el hidropónico, en la granja aquella en la que no sé qué puedes andar haciendo, pecho, espalda, y leyendo, porque después no sé si te conozca, si vas a perdonarlos a todos, si vas a salir rebelde o recto, y tal, rebelde o recto, o sapo, u hombre, o antihigiénico, o si vas a salir. Yo también, bróder, estoy que me levanto con las manos endurecidas, con las patas grandes, estoy que me persigno y salgo, y tiemplo. Estoy hecho otra cosa. Y cuando salgas tampoco sé si voy a perdonarlos a todos, o si voy a ser rebelde, o gente, o simple, u hombre, o rana, o algo. Pero estuve escuchándote cantándole encima al viento que hay en las guitarras (blancas aún, arpegian, esperando), y un ataquito de melancolía me dio por escribir esto en dos megas, como si un día pudiera mandártelo como un fichero adjunto.

MISERIA

Publicado: diciembre 14, 2015 en Uncategorized

la_casa_del_ahorcadoCualquiera, lentamente, involuciona hasta convertirse en mono, en herramienta, en la cadena grasa de una bicicleta común, cualquiera, uno, por ejemplo, se hace sonido, grieta, se atrabanca, se desvencija luego como una masa líquida sin huesos, como una sucesión de infinidades, una covacha, un cúmulo de dientes, tragedia, ser, debacle, conocimiento, mudo. Uno se vuelve, deja los ojos puestos en la escalera y camina el pasillo, se infla, luego asienta, se deshace. Uno repite, dobla, se corona sobre cualquier cabeza, cualquier casa, cualquier región, uno nació corriendo, vive corriendo, se empapa en lejía, se prende, arde, muere, resucita, se vuelve a la escalera lentamente y recoge los ojos, los acomoda en los dos agujeros que uno lleva en la cara, encima de la nariz, luego repasa cualquier suceso mínimo ocurrido mientras uno avanzaba lentamente por el pasillo, nota nada, nota que apenas han pasado diez segundos, un poco de tiempo ahí, y que ese tiempo hubiera sido útil siendo el tiempo de cualquier otro, de cualquier cadena de bicicleta, de cualquier sonido, porque ese tiempo que uno no aprovecha se vuelve atrás, con la cabeza triste, y no se regenera, se sucede, apenas, se desinfla, se atrabanca, sucede, muere. Uno no está pensando, uno puede, apenas, y eso bien lo sabe, involucionar.

VERGÜENZA

Publicado: noviembre 30, 2015 en Uncategorized

Me gustaría que la cabeza vengan a arrancarme/

ya que es la única manera que tengo de no pensarte.

Milton Mc Donald

Te extraño, bróder. Y todo ha cambiado. Pareciera que no, que ahora puedo ponerme el bolso verde al hombro y llegarme hasta el parque; pareciera, bróder, que vas a estar ahí, sentado como un tren en reposo encima del muro y que te vas a alegrar cuando me veas, porque, los dos, ninguno tiene nada metido en los bolsillos, apenas túun par de cigarros malos que te dejó tu pura en la mesita antes de irse a trabajar esta mañana, porque eres tan maduro que, la pobre, sabe que fumas. Prefirió saberlo. Y prefiere dejarte de sus cigarros para que tú solo tengas que hacer café. Te extraño, bróder. Y pareciera que esta mañana me desperté en tu casa con la libreta abierta y el bolígrafo, durmiendo en pantalones en tu cama y tú con tu pura, en el cuarto contiguo, porque somos hermanos también de verso y no está permitido para nosotros perder un minuto que no sea escribiendo, escuchando beats, pensando en la temática del próximo temazo que vamos a hacer juntos. Pareciera que acabo de escribir las siete estrofas de Escucha, Movimiento, y que hay que irse hasta allá hasta Alamar, a casa de Albany, para grabarlo gratis. Así que vamos en el P11, con el beat metido en una memoria y sueño, ojeras ovaladas bajo los ojos, y los dedos índice y pulgar amarillentos, las yemas, de fumar cabos y cabos de cigarros sin filtro, de armar brevas uniendo uno y el otro los mochos de papel con nicotina en un cilindro de hoja de libreta. Además, amo la manera en que escribes poesía en prosa, sin partir los versos, y el modo en el que todo te rima exacto, perfecto, con una métrica natural que soy incapaz de imitar naturalmente, que tengo que medir, pensar, dividir todo en líneas, una rima debajo de otra rima. Y sabes, bróder, todo ha cambiado. Ya no escribo en rimas. Soy incapaz. No encuentro la manera. Tengo extirpado el lado de la cabeza que pensaba en versos, y soy capaz apenas de disparar esta prosa mediocre pensando en ti, ahora, hace ya años, creo que dos, guardado, así, tan preso como cuando pasaste el servicio militar y fue traumático. Lo recuerdo bien, porque además estabas tan cerca de mi casa y yo tan lejos de mi casa, y de ti. Y soy un singao. Tienes todo el derecho a llamarme hijo de puta, y yo lo tengo, todo el derecho a decirme hijo de puta por ni hacer un espacio para verte, preguntar por ti, subirte una javita, hablar con tu mamá y darle las gracias por permitirnos molestarla tanto, por entenderte, por aquellos días en que metíamos un disco y otro en el huevito tuyo, de esa música rara, de ese sonido ahondado que nadie resiste salvo los que lo aman, los que perdonan, los que le deben tanto, esto, aquello, la vida nueva y útil, la cabeza redonda, las consignas y los resabios, los que le deben, bróder, o los que le debemos que ahora yo sea un gordo frente a una máquina tecleando, en cueros, y tú estés no sé dónde, no estoy seguro, bróder, la última vez le pregunté al Poeta y me dijo que estabas cana, bróder, guardado, solo, mirando todavía de afuera hacia adentro para ver si vienes, vestido y flaco, barbudo, rebelde y flaco, y solo, y yo. Esperanza. Que es poca, bróder. Lo sabemos ambos. Pero es la única mierda de la que uno se aguanta. Con la vergüenza, bróder. Con la vida. Con la razón, con todo, porque un día vas a ser un ser humano legal, ya falta poco, fumar va a ser legal, también meterse yerba fresca en los bolsillos. Te buscaban. Y yo te busco ahora y ni soy capaz de imaginar siquiera qué puede ser de ti, ni de pensar en el llanto de tu pura en el teléfono. La última vez, recuerdo, íbamos juntos a ver al tipo y el tipo no estaba, yo no tenía niño y tú eras libre, yo no pensaba en verso desde entonces y tú me enseñaste algo que, recuerdo, me dejó boquiabierto, escrito en prosa, con tu letra pequeña e infantil. También entonces pensamos en hacer canciones juntos, en volver a pasar por casa de Albany, o por casa de Carlitos. Fantasmas. Y recuerdo que te cuadraba aquello de no bañarse mucho. Aquello del piercing. Y que dos mil veces me dijiste que no subías ni horcado a un escenario conmigo si llevaba el esmalte en las uñas, negro. Y no. Ya no lo llevo, bróder. Ni vamos a subir a un escenario a no ser que. No vamos a hacerlo. No estoy seguro. Puede ser. Y te extraño. Qué sé yo.

PARA INGRID

Publicado: octubre 6, 2015 en Uncategorized

Hace casi tres años y seguimos yendo al mismo zoológico, bajando el ascensor y traspasando el portezón de vidrio gigantesco para no saludar a la vecina, al que vende dulces, comprando café. Sin embargo entro al cuarto y te veo con los dos ojos cerrados, las piernas juntas una sobre otra y tapada hasta la mitad del cuerpo con el pelo revuelto encima de Nacho, abrazándolo, tierna, tiernos los dos, y esperando el momento en que lance su chillido, hasta el más mínimo, para estirar el brazo y ponerle el tete, cantarle sin ritmo. Y pienso que he nacido para esto: para ti, para ustedes. Y pienso en que estuve veintiún años dando vueltas en G, o alrededor de mi propia existencia melancólica, para desembocar como las grullas en esto, en ti. Y pienso en qué me haces. Palpito y sé que todo va a estar fresa, que vas a despertar por la mañana con el niño, y con las ojeras tiesas, para hacer la comida, o calentarte, o sentarte a ver Manga frente a la máquina, y sé que mañana, cuando despierte, voy a hacer la leche que no quieres tomarte y que vas a tomarte la mitad del vaso solo porque me amas. Y hasta pienso en que ese vaso, es probable, no es más que el mismo vaso en que has tomado el café con el cigarro mucho tiempo después de despertarte tambaleando entre los brazos de otro. Entonces sudo, e indefectiblemente se me ocurre que quiero que ese cuerpo hermoso y flaco sea exclusivo para mi deleite, y te celo, y pienso, ídem, que es buena táctica el besarte el cuello, pedirte que desposes a este cuerpo con ocho años menos y más libras para que viva junto a toda tú.

Entonces fumo parado en el patio mirando a las ventanas, o a las nubes ya negras con una luna en medio que no se ve muy bien, y expulso el humo sabiendo que detrás de esa ventana estás tú y está mi niño, agazapados, tanteando en la almohada de la izquierda como si fuera yo y que, sin embargo, yo estoy fumando justo al lado de la ropa que lavamos ayer con un pedazo de detergente, y que tendimos luego, que aún no se ha secado por la lluvia, y la corro en el perchero lo más que alcance el hilo de la tendedera para no ensuciarla. Y recuerdo que llevo ya tres años buscando el modo de hacerme tu héroe, de que estés orgullosa de salir a la calle aguantando los dedos de mis manos con ese mismo orgullo que siento yo cuando te escucho hablando, cuando te veo peinarte frente al espejo, o embarrarte en crema, y me haces palidecer, estar cachondo, intentar verte debajo del blúmer cuando levantas esos muslos parejos y blancos a la altura de tu pecho sobre el sillón, con los dos pies descalzos y las chancletas una en la cocina y la otra frente al baño. Y te amo tanto. Y amo a Nachito. Y amo lo que hacemos los días y los días encerrados en esta casa aunque sé que te fundes, y que me pides descaradamente que te saque a una fiesta, o al zoológico, o a poner copos en cualquier esquina aunque sea para no fundirnos tanto, o fundirte tú, y yo nunca te complazco, o te complazco tanto hasta mí mismo por sentirme culpable de tu encierro sin corcel ni armamento, sin un chino precioso que te salve del delirio de todos estos días.

Luego el cigarro se termina. Y otro. Sabiendo que no te dejo fumar y que, con ello, es probable que te esté desguabinando la juventud, esos aires de imperio que tienes en las fotos, tantas fotos, antes de conocerme; esas fotos en las que estás desnuda, o contenta, o con amigos cuya risa tuya me hace sentir furioso de que esa risa se te esté muriendo como si fuera yo tu enterrador. Entonces sudo. Te veo cruzar la calle sin besarme y odio que te jorobes, que salgas sin pintar, que nunca almuerces, que pases tanto tiempo preocupada que ya ni tienes tiempo de reírte, de cortar con la máquina esos tres pelos rubios que ni pinchan. Pero Nacho es hermoso. Y yo engordo a la par que se me ensancha lo mucho que los quiero, y lo capaz que sería de quedarme sin un brazo por ni un pellizco en ninguno de ustedes, por ningún negro que me les resingue, por ningún jefe alzándoles la voz. Y sin embargo, sigo pidiéndoles que se me pierdan por lo menos algún fin de semana para que se me ponga grande el techo, para acostarme en la misma esquinita cediéndoles el hueco de la cama y masturbarme pensando en aquel día, en la última vez, en que me gustas tanto que no puedo dormirme sin mirarte, como esta noche en la que paro todo, voy hasta el baño y te veo regodearte desde la hendija de la puerta, dentro, voy hasta ti y casi que estás roncando, te tapo bien, te beso, te apapacho, enderezo al niño y veo cómo crece, cómo tú y yo nos ponemos tan viejos que sin embargo aún dormimos juntos, vemos una película, o te sientas encima de mis muslos para que yo me ensanche sobre mí mismo, y te acaricie el pelo, te vea cerrar los ojos y quiera yo meterme en lo que piensas para que pienses solamente en mí.

Te amo, Galana. Recién ayer cumplimos otro mes.

Lunes 25.05.2015; 23.42 a.m.

UN PAN

Publicado: septiembre 17, 2015 en Cuento, Jesus Jank Curbelo
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Ella llega por la entrada trasera de la panadería, compra un pan alargado y sigue andando. Es una rubia de ojos como lápices, grandes lápices verdes, y un pulóver que le cubre hasta el muslo. La conozco. Sé que se llama Silvia y que escribe unos poemas muy simpáticos, malandros, avezados. Es la clase de hembra que uno conoce hace ya mucho tiempo y que bien pudiera no haber conocido. Da igual.

Yo estoy sentado sobre el suelo fumando un cigarrillo. No sé por qué ni cómo llegué al suelo de la panadería pero allí estoy, y ella pasa a tres metros, me mira como se mira a un mendigo, compra el pan y se larga. La sigo con la vista hasta que dobla. Me levanto y no está. Todo está oscuro. Alguien debió haber puesto algunas luces alrededor de la panadería. Desisto.

– Hey –escucho. Aquí estoy.

Zigzagueo con los ojos. Enciendo la linterna del teléfono y ella está allí, menuda, agazapada, hecha un ovillo encima de un periódico y cubierta por una pequeña mata.

– ¿Juegas conmigo? –dice.

Yo me acerco. Le apunto con la luz y parpadean sus grandes ojos. Boto el cigarrillo. Doy unos pasos hasta la escalera y quedo de pie frente a este animalejo que me pide jugar.

– ¿Juegas conmigo?

Me agacho frente a ella y se incorpora. Toma el pan, lo mastica sin siquiera cortarlo y lo empina hacia mi cara.

– No, no quiero. Tú eres Silvia, ¿no es cierto?

Ella mastica, asiente y se acurruca con las rodillas bajo la mandíbula y la espalda en la pared.

– ¿A qué jugamos? –le digo y se ilumina. Saca un mazo de cartas y las pone en el suelo. Yo me acerco. Pego mi cara con su cara, lento. Ella apenas respira. Pongo mis labios dentro de sus labios y le meto la lengua. Ella tirita. Yo pienso que antes de estar diez minutos jugando a cualquier mierda con una niña de ocho o nueve años, lo más prudente es asegurar.

(Jueves 16 de abril, 2015. 3:37 a.m.)

1

POSTUM

La cara hinchada, o henchida, y el llanto, mi llanto, nuestro llanto por verle así, sin la típica risa, tendido, inmóvil, lejos. ¡Por dios santo! Con la cabeza hirviendo no se puede escribir.

Pude darle el abrazo que no le pudo dar, probablemente, Radio Progreso. Luto. Loa, empeño. Seguir pinchando porque hay que seguirle. Pinchando, para él. Nadie lo ha dicho. Pero había que verle la última vez que le estreché la mano diciéndome que apagara el cigarro, que fumar mata. Y sin embargo, vivo. Y sin embargo, él… Y ahora nos cierran. Otra persona levantará el índice cuando empiece a grabarse mi primera novela sin su genio. Su ingenio.

Y esta es mi última entrevista. La última suya. Y qué diablos importa si el Noticiero dice, o Cuba dice, o calla. Callan todos. Luego, bajo, desciende el cuerpo. Lo demás, se eleva.

Con la cabeza hirviendo no se puede escribir.

2

LA ENTREVISTA

Esta entrevista debería llamarse ¿Por qué Héctor Pérez Ramírez no es Premio Nacional de Radio? Pero a títulos obvios, ironía. Gracias a Dios por gente como él.

Silencio… ¡Grabando!

¿Quién es Héctor Pérez Ramírez?

Héctor Pérez Ramírez es un director de programas dramatizados de radio que lleva 57 años en el medio… Claro, empezó muy joven, ¿no? Participábamos Iván Pérez mi hermano y yo como colaboradores en un programa que se llamó Noticias a montón y chismes a granel, en La voz del aire: una emisora que estaba en un edificio muy alto que hay en 25 y G, un edificio vetusto que hay ahí, en el piso 10 u 11.Por allá arriba estaba La voz del aire.

¿Qué se llamaba colaborar en aquel momento? Era simplemente: uno hacía notas, algún comentario sobre un programa de televisión, sobre una película. En un primer programa, que era un programa de corte farandulero, se leían esas colaboraciones. Luego el espacio fue tomando otro corte: se empezaron a hacer sketch, escenas cortas. Ahí empezamos nosotros la parte de la actuación, en el 1957: terminábamos en la escuela por la mañana, íbamos a hacer el programa, y volvíamos para la escuela por la tarde. ¡Eramágico aquello!

Vamos a ser sinceros, Iván Pérez me embulló en eso, porque yo tenía poco clara la idea. Pero Iván que es una persona muy inteligente, muy talentosa, pues siempre se va alante.Él quizás vislumbró lo que podía ser una carrera, y me condujo para que yo me embullara también en eso.

De ahí fuimos pasando por varias emisoras: Radio Capital Artalejo, Cadena Oriental de Radio, que ya estaba en La Habana, y nos vinculamos con un señor que escribía un programa llamado Templo Martiano. Ahí se hacía la vida de personajes célebres, personas importantes, todo vinculado al pensamiento martiano. Después pasamos a Radio Rebelde, y vinieron ya otros derroteros en el camino de la actuación: aventuras, novelas.

En el caso mío, tuve que pasar el Servicio Militar Obligatorio, y aunque yo hice radio dentro del ejército, también hice teatro. Ya nosotros hacíamos teatro: teníamos un saloncitoen el patio de la casa, y hacíamos lo que ahora se llama Teatro Comunitario, y tratábamos de incentivarlo también en la escuela…

Después del Servicio Militar, mi carrera quedó un poco… incierta. Y una persona que estaba en el ejército conmigo me embulló, para que me involucrara a hacer teatro para niños. Para mí eso era algo… no sé, ¡yo no sabía cómo encausar aquello! En aquel momento yo estaba haciendo teatro universitario, en una sala que estaba en la esquina de 23 y L: donde ahora hay una cafetería muy grande, antes había una sala de teatro preciosa. Y pasé la Escuela Nacional de Teatro para Niños, que estaba en Güira de Melena.

Salí de allí dirigiendo el Grupo de Teatro para Niños y Jóvenes Plaza de la Revolución. Ahí hice una labor de casi 15 años, dentro y fuera del municipio. Una etapa bellísima, de cosas hermosas, encuentros tremendos, porque los niños no tienen reparo…

Yo creo que se hizo una buena labor. Se logró tener un colectivo muy coherente, con actores muy competentes.Recordaba ahora, a raíz del boom de la película Meñique, que hicimos un montaje en el año 1979, con Meñique. A mí me gusta mucho la obra martiana, y ya habíamos hecho La caja de las maravillas, con Los zapaticos de rosa y toda La edad de oro. Entonces hicimos Meñique, en el Guiñol Nacional, que se consideró en aquel momento el montaje más importante del teatro para niños en Cuba.Fue muy gratificante aquella obra: unos títeres, una escenografía preciosa. Muy práctico todo.

Luego volví para la radio. ¡Volví para la radio! Estuve en Radio Cordón de La Habana, que fue el antecedente de Radio Ciudad de La Habana. Ahí empecé como actor. Luego empecé a dirigir. Y gustó tanto el trabajo que se estaba haciendo con los dramatizados en la emisora quellegamos a tener ocho programas: novela histórica, espacios sobre legalidad, cuentos, radioteatros, y sobre todo un programa que tuvo mucho éxito que se llamó El Mensajero: un programa que se transmitía a las 10 o a las 11 de la noche, y eran casos turbulentos, de misterio, de terror. Gustó mucho. Primero lo protagonizó Mario López, un excelente actor, y después Bernardo Menéndez padre.

Sucedió que la dirección de la emisora decidió eliminar todos aquellos programas, tenían otros intereses, y yo vine para Radio Progreso, gracias a Julio Pérez y a Rebeca Nunchi, a empezar a dirigir Reto a la imaginación: un programa muy interesante, fascinante, sobre ciencia y técnica. Y empecé a dirigir otros programas, no me puedo quejar: En nueve minutos, Por nuestros campos y ciudades… ¡hasta Fiesta Guajira he dirigido yo en Radio Progreso!Y lo digo con satisfacción, porque dentro de Fiesta Guajira hice la única novela en décimas que se ha hecho…

Empezamos a hacer un programa experimental que se llamó Espectro. Se transmitía por la noche, tarde. Comenzó con El Talismán, de Stephen King y Peter Straub, que manejaba un mundo con dos dimensiones. Fue un experimento muy interesante: se hacían leyendas, cuentos fantásticos. Pero vino el Periodo Especial, hubo que reducir la programación, y le tocó caer al último programa que apareció.

Entonces sucede que, a principios de los 90, falleció el gran director radial Abelardo Rodríguez. Ya él había estado enfermito, y yo había estado sustituyéndolo a veces en el trabajo.Hasta que él desaparece, y me asignan a mí dirigir nada más y nada menos que La gran aventura de la humanidad y La novela de las dos… ¡Y yo que me cansé de oír esos programas, desde muy niño, de pronto me encuentro con que iba a ser el director absoluto! Para mí eso fue un impacto muy grande.

Me tuve que enfrentar de lleno con La gran aventura de la humanidad, un espacio antiguo, con mucho peso, con mucha fuerza.Por ahí habían pasado importantísimos directores de Radio Progreso: Rafael Linares… ¡Tremendo! Y La novela de las dos, que es el espacio más antiguo de Radio Progreso, porque el espacio dramático de las dos de la tarde ya venía de la radio capitalista. Tuvo varios nombres: Esta es mi vida, La novela de las dos, La novela de las dos y cuarto… Pero siempre era un espacio dramatizado, novelado, a las dos de la tarde. ¡Y también Héctor Pérez Ramírez tuvo que ir a dirigir La novela de las dos!

Tuve el apoyo de todo el mundo. De casi todo el mundo. Y todavía me mantengo dirigiendo La gran aventura de la humanidad y La novela de las dos con mucho gusto, porque son programas en los que uno aprende muchísimo. Yo he descubierto tantas cosas fascinantes que se han realizado en el mundo.Tantos hechos.Desde la vida de Modigliani, que la hicimos hace poco,hasta la vida de Edgar Allan Poe, la vida de Chaplin, Pancho Villa, Emiliano Zapata… ¡Ya se le olvidan a uno tantos y tantos títulos fabulosos!

Después, por situaciones en la emisora, oro gran director de la radio en Cuba, Gilberto Enríquez, se retira, y me asignan también Así se forjó la Patria… ¡Imagínese usted! ¡Tenía en mis manos la historia de Cuba y la historia universal dentro de Radio Progreso!

Ya se había creado un programa llamado Huellas, de carácter histórico, monotemático pero general; lo mismo se transmitía una cosa cubana que extranjera, pero era un programa muy bueno, muy interesante. ¡Nos embullamos tanto cuando surgió Huellas!, porque tenía muy buen prospecto, y yo creo que se mantiene. Hace poco hicimos un programa sobre Alfonsina Storni que quedó precioso… ¡Cosas tremendas que han pasado por mis manos! A mí a veces me golpea decir: mira que yo he hecho cosas, y qué feliz me siento.

¿Qué se siente dirigir?

Que uno es el dueño del negocio. Pero es una responsabilidad muy grande. Dice Nelson Door, que es una eminencia en la dirección escénica, que el director es el responsable máximo de la puesta en escena, y lógicamente de la puesta en micrófono también. Uno puede tener un equipo muy bueno, yo tengo equipos muy buenos, pero uno es el responsable. Lo que salga, tú eres el que lo dejaste salir.

Pero el trabajo de la radio es algo tan lindo, tan fascinante. Porquetú vas a hacer una obra de teatro y tienes que buscar escenografía, tienes que vestir a los actores, tienes que buscar todo una serie de cosas. Pero en radio no. Basándote en un buen argumento, y en estos momentos tenemos muy buenos escritores, tú puedes hacer lo que quieras. Porque puedes contar siempre con la imaginación del oyente. Y como el oyente cubano tiene tan buena imaginación, la radio no tiene contrincante. La televisión no es un contrincante para la radio en Cuba. El teatro tampoco. El cine tampoco. Nosotros tenemos una programación dramatizada extraordinaria, interesantísima, que tiene todo tipo de programas: policiaco cubano, extranjero, novela de amor, programa para la salud, de comentarios…

La radio tiene todo tipo de programas, y la televisión no llega. No cuadra. Y tiene otros horarios. Es más, nosotros tenemos un espacio que se llama Noche de novela, a las diez de la noche, donde se transmiten novelas ya pasadas, ¡y tiene una audiencia extraordinaria!¡Y ahí si choca con la televisión! Pero nuestros oyentes son fieles. Son tremendamente fieles. Y nos critican.Yo dirijo Progreso por dentro, también, y lo que recibimos de cartas es algo increíble. Iván Pérez, que es el que recepciona todo eso, el que escribe el guióny lo conduce, le da respuesta a todas las cartas que se reciben en el espacio. Y es una cantidad de correspondencia increíble. Ahí los oyentes, sobre todo los colaboradores, dan sus valoraciones, a veces muy duras y muy fuertes, pero ese es su criterio, y para ellos trabajamos, y nos sirve de acicate lo que ellos nos dicen.

Gracias a ellos es que nosotros nos alimentamos, o como se dice ahora, nos “retroalimentamos”. Porque nadie más se acuerda de nosotros. Es muy difícil que salga una crítica en la prensa, o en otro medio. Cuando han salido no nos podemos quejar, porque creo que dicen la verdad. Y a veces nos invitan a algún programa de televisión los compañeros de Al Mediodía, que siempre están pendientes de si hacemos un estreno; también el Departamento de Relaciones Públicas de la emisora es muy eficiente en eso. Y nos invitan a algún programa del Canal Educativo: hace poco nos invitaron a un programa en vivo a las seis y media de la tarde y fueron muy amables… Pero eso es en ocasiones. Nadie más se acuerda de nosotros.

¿Por qué sucede? No sé. Será que no oyen la radio dramatizada. Pero el grueso del pueblo si la oye, y tiene muy buena opinión del trabajo que realizamos…De nadie más recibimos alabanzas. Señalamientos sí recibimos de la parte interior, de los jefes. Casi siempre recibimos reprimendas. Parece que nunca hacemos nada bueno para los que nos dirigen.

Pero algunos oyentes, por ejemplo, nos escriben poesías. Poesías dedicadas a nosotros. Es algo increíble. En una hoja linda, una hoja de papel, la pintan, la decoran, te escriben versos, y… ¡Eso quiere decir que significamos algo! Porque si no esa persona no va a ocupar su tiempo en hacer eso. Versos a los programas, a los actores. ¡Dicen cosas de los actores, fascinantes! ¡Cómo les gusta lo que hacen! ¡Eso es lo que nos llena la vida! El oyente, porque es para quien trabajamos. Nosotros no trabajamos para dirigentesni para jefes.

Galardones sí hemos obtenido. Cuando se hacen eventos: festivales, los premios Caricato, los premios Caracol, competimos, y con algunos programas pues, hemos obtenido premios. Recuerdo que en una ocasión arrasamos con un Festival de Radio que se hizo en Holguín. Todos los premios se los llevó La gran aventura de la humanidad con la vida de Gandhi… ¡Ah, la vida de Gandhi, Dios mío, qué serie tan fascinante! ¡Qué gran hombre! Y nos llevamos los premios: mejor ópera, mejor narración, mejor dirección. ¡Aquello fue terrible!

A veces es muy difícil competir, porque tecnológicamente no da tiempo de preparar las cosas. Casi siempre los eventos son más o menos en la época en que nosotros salimos de vacaciones, y tenemos que dejar toda la programación preparada para los meses de agosto y septiembre. Y es más importante dejar lista esa programación que ponerte a preparar programas para mandar a un concurso. No hay tiempo para eso. A veces pasa el concurso y tú no puedes competir…

¿Premio Nacional de Radio?

El Premio Nacional de Radio es Iván Pérez. Yo no. ¡Pero yo me siento feliz con que Iván lo sea! Él fue seleccionado muy acertadamente. Y yo feliz. Porque él es… ¡el genio! Es increíblemente talentoso, excelente.

Yo tengo otros galardones: la Distinción por la Cultura Nacional, la Orden Raúl Gómez García, el premio de la Agencia ACTUAR por la obra de la vida, que es una satisfacción extraordinaria porque, el día que me entregaron el premio ACTUAR, ¡por Dios!, también se lo entregaron a Rosita Fornés, a Alicia Fernández, a Martha Jiménez Oropesa, y yo dije: ¡ay Dios mío, yo entre todas estas personalidades tan grandes!No hay cómo alcanzar, cómo valorar el peso que para uno tiene encontrarse con esas grandes de la escena, del teatro, de la televisión. Eso para mí fue muy importante.¡Pero lo más importante es dirigir!

El proceso de dirección es largo. Tú recibes el libreto de la serie en cuestión, lo revisas, lo analizas, le haces cambios o no, porque eso pasa por la asesora después que el escritor lo entrega, y haces el repartode los actores que vas a utilizar. Te lo lees una, dos, y a veces hay que leérselo más veces, porque hay que cuadrar bien lo que se va a hacer. Claro, en esto funciona también la técnica. Ya uno lleva muchos años dirigiendo, y yo no me tengo que poner a estar haciendo quizás la división por escenas ni nada de eso…

Los libretos ahora son libretos muy complejos. La época de oro de la radio cubana, de la cual nos sentimos muy halagados porque fue el germen de todo lo demás, no hacía los programas tan complejos como los tenemos ahora. Los programas hoy tienen una serie de dificultades artísticas y técnicas que antes no tenían. Y eso es bueno. Y con la nueva tecnología digital los programas quedan más bonitos, quedan mejor.

Pero cuando después de revisar los libretos, llega el día de grabar… ¡Es un reto nuevo cada día!, porque cada programa es diferente. Nosotros no tenemos tiempo de aburrirnos. ¡Cada programa que tú haces es como si empezaras!

Uno a veces se tropieza con el chofer de guagua que te maltrata, o no, eso depende. Te vas a la tienda, o te vas a un lugar público, un policlínico, y el empleado no te trata bien. No quiere decir que todo el mundo sea así, hay lugares que te tratan de maravilla… Pero nosotros no tenemos esa alternativa. Nosotros siempre tenemos que hacerlo bien. Y si no lo hacemos bien, vienen otras complicaciones: te señalan, te llaman la atención. Y el oyente no perdona. Yo no puedo decirle al oyente: ¡ay, disculpa, me dolía la cabeza! O: ¡ay, mira, la actriz se sentía mal! No. Cuando tú entras al estudio tienes que dejar todos los problemas fuera. No puedes sentirte presionado por nada, únicamente por el libreto que vas a dirigir. Haces trabajo de mesa, cosa que yo me siento muy feliz haciendo porque es un trabajo directo con el actor, montas el libreto, y después, ¡a grabarlo!

Es algo inimaginable. A veces uno termina de hacer una escena violenta, una escena tremenda, y si el actor queda muy bien allá adentro los actores lo aplauden. Ayer mismo en una grabación que estaba haciendo en Radio Arte con Isaily Merino, una actriz joven con un futuro tremendo, ella terminó de hacer una escena de enajenación del personaje, y cuando la música cubrió, nosotros estábamos en ese proceso de transición, y vemos que los actores la comienzan a aplaudir tremendamente adentro. ¡Uno se siente también aplaudido! Porque uno forma parte de este negocio. Esto es un negocio. Y qué feliz que tus mismos compañeros te admiren, y te quieran, y te aplaudan.

Yo me siento muy contento cuando camino y me encuentro con mis compañeros en los pasillos: estos pasillos por donde han pasado tantas glorias de la radio. Tantas que no hay cómo pensarlo, porque lo piensas y tiemblas. Saber que por estos pasillos, en estos estudios, estuvo Martha Muñiz, Bernardo Pascual, Abelardo Rodríguez, FelaHart, Aurora Pita, Marina Rodríguez, EnricaSantiesteban, Carlos Badía, Raúl Seles, Agustín Campos. Tantos nombres extraordinarios que tú dices: ¿y ahora yo estoy pasando por estos pasillos?

Nuevas generaciones

Lo viejo pasa. Los años pasan. Indiscutiblemente hay que preparar nuevos actores. Aunque la radio es el único medio que te permite trabajar toda la vida: tú puedes empezar desde niño hasta viejito, y vas pasando por todas las categorías de los personajes. Hay actores que han hecho el personaje cuando era niño, después lo hicieron de joven, y de viejo. Y también hay actrices, sobre todo, capaces hacer varias generaciones. Pero indiscutiblemente eso pasa, y hay que trabajar con la gente nueva.

Nosotros en Cuba hemos tenido una suerte tremenda, porque aquí hay actores excelentes. Toda la vida hubo actores excelentes, desde el teatro, hasta cuando se creó la radio, se creó la televisión. Siempre Cuba ha tenido actores excelentes. Como ha tenido escritores excelentes, y directores excelentes, y operadores de efecto, y narradores. Nosotros somos una cantera extraordinaria de talento. Y eso hay que moverlo. Hay que moverlo porque te lo lleva la vida. La vida en ese sentido es implacable. Pasan los tiempos. Personas que pasan, llegan y se van. Se van para otro lugar, hacen otra cosa, se van para la televisión, que es una atracción muy grande para muchos actores, aunque es muy efímera.

Hay que preparar gente joven constantemente. Aunque después se te vayan de las manos. Aunque después lo utilicen otros directores. Aunque después se vayan para otro medio. Aunque después se vayan para otro país…

Y yo me siento muy contento preparando a las jóvenes generaciones, porque creo que está dentro de los signos que han marcado mi vida. Preparar gente joven. Trabajar con gente joven. Y me llevo muy bien con la gente joven. Cuando yo me tropiezo en los pasillos, o en la misma calle, con un actor joven y me abraza, y me saluda,¡uno se siente recompensado de que el trabajo de tantos no haya sido por gusto! Es como si Dios no hubiera tenido reparo en ofrecerte toda su gracia, para que tú pudieras vivir a plenitud.

¡Y ya, que me demoré demasiado, y todavía tengo que ir a almorzar!

San Juan, 25 mar (APP) El mundialmente conocido artista DaddyYankee afirmó esta mañana haber conversado con Zeus, después de que el dios griego llamara a su puerta en la noche de ayer.

En conferencia de prensa convocada por el reggaetonero, este aseguró que el padre de los dioses, “con su gran barba blanca y su túnica”, le habló fluidamente “en un idioma totalmente desconocido”.

“Intenté responderle –aseveró- pero no me hizo caso. Entró a mi casa y se llevó a mi esposa cargada entre sus brazos. Luego me hizo una seña a modo de despedida y se alzó por los cielos, dejandoun rastro de luz.”

“Inmediatamente di parte a las autoridades de la isla, pero luego retiré la denuncia, convencido de que se trata de una cosa divina”, añadió.

DaddyYankee, cuyo verdadero nombre es Ramón Ayala, también anunció su retiro del mundo de la música para dedicarse por completo a rendir culto a Zeus. “Después de 22 años de carrera artística, esta es la decisión más importante y difícil que he tomado, pero creo estar haciendo lo correcto”, afirmó.

Mira esta talla. Si Milton y yo estábamos sentados tranquilos, como siempre, en un banco del Parque G, fumándonos un cigarro probablemente entre dos, o entre cuatro, ¿qué necesidad tenía la chiquita aquella de acercarse a nosotros?

Pues se acercó. La tipa que te digo era una negra hermosa. Una negrita fina, con su culito durito, bien puesto, unas tetas pequeñas y redondas y el pelo bien planchado. Si la memoria no me trata a palos podría jurar que hasta llevaba puesta una blusita rosada, abierta alante, con medio ajustador al descubierto, y un pantalón de hilo, o de mezclilla, de esos que te levantan, te redondean las nalgas aunque las tengas como un tetraedro. Aunque después pases la pena del año. Así es la vida, ¿qué se le va a hacer?…

Milton y yo sentados en un banco. No tengo que decir que era de noche. Sería obvio. En G, por las mañanas, hay nada más dos tipos de personas: los frikis que amanecen con resaca y los viejos que amanecen en la cola del estanquillo de G y 25. Lo demás, es de noche. Sobre todo los fines de semana, que es cuando más se aburren los vampiros.

Sandra llegó y se nos sentó en el medio.

– ¿Qué bolá, caballero?

– Na’, mija, aquí, obstinados. Comiendo mierda como de costumbre.

– Déjame darle unos toques al cigarro…

– Métele con cariño, que es el último.

– Yo todo lo hago con cariño, papi…

Milton le dio el cigarro y se lo metió en la boca como si fuera un pito. Un silbato, quiero decir, o un pito de marihuana. Chupó hasta el fondo con su boca enorme de negra bondadosa y me dio el cigarro lleno de saliva, y de creyón de labios, y de toda la mierda que pudo haberse metido en la boca durante el día y parte de la noche…

Me dio el cigarro y me quejé en voz baja:

– ¡Con lo mal que me cae a mí que me den el cigarro moja’o!

– ¡Ay, no jodas, Román! Si no quieres que te moje el cigarro dame otra cosa pa’ mojarte entonces…

La di por loca. Milton me miraba y me hacía unas muecas espantosas que querían decir: ¿viste esas tetas? Boté el cigarro y me senté en el piso. De frente a Sandra, pa’ verla más nítido.

Ya yo la había visto par de veces. En realidad, estaba aburrido de verla. Milton también. Éramos hasta socios. Toda la gente que va al Parque G termina conociéndose. Después se encuentran en el P14 y se dan el asiento, o un poco de ron, incluso un cigarrito.Dicen los frikis viejos que la Melancolía y la Miseria iban juntas por La Habana reuniendo personas. Les cerraron las puertas de varios clubs nocturnos por miserables y por melancólicas, y terminaron haciendo una secta en el Parque Gcon los chamacos pobres. Como yo, como Milton. Y fuimos condenados a reunirnos una y otra noche hasta morir de anemia, de cirrosis, de cáncer de pulmón. De cualquier cosa. De todos modos somos gente pobre. Nadie lo va a notar.

– Ven acá, Sandra.

Me la llevo aparte.

– ¿Pa’ qué tú estás?

– Pa’ lo que ustedes quieran.

– Nosotros estamos pa’ meterte el rabo.

– ¿Los dos a la ves?

– Uno por cada hueco. ¡Y te queda la boca pa’ que grites!

– ¡Qué gracioso! ¿Tú tienes dónde hacerlo?

– Coño, en mi casa.

– Bueno, vamo’ pa’ allá. Pero tienen que hacerme el dos hasta Playa pa’ dejar unas cosas. Después nos vamos. ¿Dónde es que tú vives?

– En Fontanar.

– ¿En dónde?

– Un pueblo ahí, lejísimo. Pa’ allá el transporte se pone de madre, así que mueve el culo.

– Nos fuimo’ entonces.

– ¡Milton! ¿Te va’ o te quedas?

– ¡Voy!

Las once y media. Doce menos cuarto. Pasó un P4 y lo cogimos amplio hasta el bar de 70 y 19. Sandra dejó las cosas y viró rápido, como a los diez minutos. Nos sentamos en el piso de la parada.

– ¡Ay, caballero, qué clase locura! ¡Yo nunca he hecho estas cosas!

– Tranquila, Sandra. Todo va a estar bien.

– ¡Eso mismo decía Bob Marley y se murió de cáncer!

– ¡Prendío como un tenis! Jajaja…

– Prométanme que me la van a dar suavecito… Por lo menos al principio, después seguro que ya me acostumbro y hasta me meto las dos por el bollo…

– No tengas miedo, chica. Nosotros te lo hacemos con cariño y seguro que tú aguantas.

– Y ustedes dos, así, medio oscuritos, ¡seguro tienen un pingón grandísimo!

– No, chica, no. Tranquila. Tú verás…

Cogimos la 69 hasta Cerro y Boyeros. Hasta la paradita sucia esa que está frente por frente a un matorral asquerosísimo, lleno de violadores que se pasan la vida violando a los pajusos; de pajusos que se pasan la vida pajeándose a costilla de los violadores después de que los violan.

Nos sentamos los tres, Sandra en el medio. Estuvo media hora apretándome los huevos mientras le cogía la boca a Milton y decía que se iba a poner de pinga, que tú verás, que qué rico está esto.Después estuvo media hora diciendo que qué vergüenza hacer eso en la calle, que aunque fueran la una de la mañana eso era un lugar público, que hasta que no llegáramos a mi casa no había más calentadera de tubo…

La otra media hora se la metió durmiendo. Nos cogieron las seis de la mañana sentados todos en el mismo banco sin rastros de una guagua. Lo más probable es que haya sido culpa de la Miseria y la Melancolía, que andan por to’a La Habana jodiéndole la vida a los más pobres.

Así es la vida, ¿qué se le va a hacer?

TODA LA NOCHE EN ESO

Publicado: agosto 17, 2014 en Uncategorized

Me despertó el teléfono.
– Dime.
– ¿Román?
– Sí. Dime.
– ¿Qué tú haces?
– Coño, asere, durmiendo. ¿No se me nota?
– Bueno, tengo un evento ahí pa’ ti.
– Asere, ¿quién me habla?
– Johan, chico. Johan…
Johan era mi hermano. Es mi hermano. El único problema es que no somos de sangre.Somos hermanos de los que se escogen, que son los mejorcitos. La familia es depende de la que a uno le toque, y uno no puede cambiarla, es cuestión de te jodes y la aceptas. Pero la familia que uno escoge es distinta. Te da tiempo a pensar, a hablar basura, hasta que un día: ¿quieres ser mi hermano? Ah, está bien. Y es tu hermano: tralalátralalá…
Así hicimos nosotros. Johan llegó a mi escuela en quinto grado acabado de llegar del medio del monte. De Santiago de Cuba. Él siempre dice que eso allá está lindo, que es una ciudad con muchas casas, una iglesia, y un parque, y un museo, y un busto de Martí en alguna esquina, y que cuando uno llega de La Habana, aunque seas de Santiago, te caen arriba doce o quince guajiritas que te maman la pinga por un chicle, por un pan con tortilla, o por decirle a las demás guajiras que le mamaron la pinga a El Habanero. Y El Habanero pasa a ser entonces lo mismo que era El Zorro en California: un objeto sexual.
A mí nadie me jode. Eso es el monte.
– ¿Qué evento es ese, asere?
– ¿Tú te acuerdas de Ana Laura?
– ¿De quién?
– De Ana Laura.
– No.
– Papa, la que me cogió la boca jugando a la botellita el otro día.
– Qué coño voy a acordarme yo de eso, Johan. Éramos como quince…
A la botellita se jugaba todos los fines de semana en el Parque G. En la parte de abajo de la estatua de Calixto García. Siempre éramos los mismos. Parece que a los mismos nos gustaba tener siempre la misma excusa pa’ cogernos la boca entre nosotros.
– Asere, la gordita.
– ¡Ahh, la gordita!
Si la gordita es la que yo pensaba o Johan es miope o le tenía un cariño del carajo. La tipa era una gorda psicodélica. Una marmota de trescientas libras con unas nalgas grandes metidas a presión en una licra de esas que dejan ver la celulitis porque se mete entre los agujeros y te los pone en los ojos como cráteres, como diciendo: ¡miiiraaaa, celuliiitiiiiisss!Un cachalote de tetas enormes, tetas llenas de grietas, ubres de chiva vieja cuidadosamente caídas sobre el ombligo y unos pezones negros y redondos, tiernos, erectos, listos para el ordeño.Pezones que había tenido en mi boca la noche antes, y también las nalgas, corajudas, grandotas, puestas a cuatro patas en el piso del baño de casa de un amigo. Una gorda caliente dueña de un bollo limpio y desahogado donde metí la lengua unos minutos, donde metí la pinga y me bailaba no sé por qué razón.Un bollo hipocondríaco donde también mi amigo, el dueño de la casa, metió la pingaen el mismo momento en que mi pinga se tomaba un descanso en la boca de la gorda. Toda la noche en eso…
– ¿Ya te acuerdas? – dice el pobre Johan, ilusionado.
– Le metí el rabo anoche.
– ¡No me jodas!
– Si te jodo.
– ¿Y qué tal?
– Na’. Más o menos…
– Pues ella me llamó por la mañana pa’ que fuera a su casa. Me dijo que se estaba masturbando pensando en ti y en mí.
– ¡No me jodas!
– Si te jodo.
– ¿Y tú qué le dijiste?
– Que íbamos pa’ su casa por la tarde a quitarle la picazón. Por eso te llamé. ¿No estás pa’ eso?
– Asere, sí. Hace rato que no compartimos una jeva tú y yo. ¿A qué hora nos vemos?
– A las cinco.
– ¿Donde siempre?
– Donde siempre.
A las cuatro y cuarenta estaba yo fumándome un cigarro en los banquitos de G y 25. Johan llegó diez minutos después.

 

Dime, tristeza

Publicado: agosto 7, 2014 en Uncategorized
Cuadro de Edvard Munch

Cuadro de Edvard Munch

 

Por Jesús Jank Curbelo

Así, sentado, de noche, escribiendo. Mi hijo duerme, entonces me permito unos minutos tristes. Es difícil, me consta. Y eso que tengo un piano que es lo más mustio que he escuchado nunca. Miento, hay cosas más mustias. Pianos más mustios. Mozart, Debussy.

Esto no. Esto es una tristeza comercial. Una tristeza para ser vendida que perdió hace bastante el sentido del llanto. El sentido de sentarse de noche a recordar fumándose un cigarro. Una tristeza bastante pensada, cómoda. Una tristeza con arreglos. Teatro, postalita. No se vale. Hay mucha gente pobre pagando unos centavos por llevarse contigo esta tristeza. Por no sentirse solos, desechables. Por no sentirse lo único triste que flota con las moscas encima del latón de la basura. Debajo del camión de la basura. Mucho más bajo que la vida aún.

Hay mucha gente trabajando duro detrás de esta tristeza. Muchas horas de hombre sentado frente al piano. Mucha miel, mucha yerba, perfume, cascarilla, clara de huevo. Mucho tabaco que no fue comprado. Mucha escritura sobre un pentagrama. Mucho tiempo feliz. Mucho equilibrio que pudo perfectamente saltarse esa tristeza corriente como un bache y seguir corriendo recto.

Pero esto vende. La tristeza, vende. Qué triste, ¿no? Jugar con tus adentros como si tus adentros, además de ser pobres, fueran plásticos. Como si rebotaran entre las varias paredes del Banco, de la tarjeta donde están los dólares del vendedor de espinas. Del tipo que te dijo que las rosas no eran rojas del todo, y te jodió el sentido del amor para venderte el sentido de una tristeza turbia como esta que ahora escucho, que puede serAdele o ser The Beatles; que puede ser Shakira, Metallica,Eminem (Pitbull nunca está triste); que puede ser LiubaMaría Hevia, Jacob Forever, Silvio, Los Aldeanos…

Una tristeza con cerebro dentro que deja de ser limpia. Que ya no es lo bonito que se le ve después a ese momento en el que uno pierde todo, una pareja, el pollo, el P14, un familiar. Ese momento en que uno está tan gacho, corroído por dentro, que sale caminando con los pasos pesados y los párpados, la permanencia de una nube gris.

Esa tristeza que bien yo conozco, que faja, que se extraña.La que se va al garete dentro de un par de discos de platino y no hace nada por sí, por aferrarse, por seguirnos cayendo como el manto de estrellas de Morfeo encima de las cabezas. La que reprocho: dime, oh tristeza, tú dime, mientras tanto, when will I see you again?